VIDEO. El costal que los salvó: pescadores resisten cinco días en altamar
Primero fue la hielera. Después, un costal. Dos objetos comunes terminaron siendo decisivos para que Daniel Guerrero Martínez y José Luis Portelas Villegas regresaran vivos con sus familias después de cinco días a la deriva en el océano Pacífico, frente a las costas de Chiapas.
Los pescadores quedaron en el mar después de que una fuerte ola hundiera su embarcación. Sin lancha, prácticamente sin provisiones y lejos de tierra, se aferraron a una hielera y a unos bidones de combustible mientras esperaban que alguien pudiera encontrarlos.
La espera terminó el 19 de agosto a más de 240 kilómetros de la costa chiapaneca. Una aeronave que participaba en el operativo de búsqueda detectó a los náufragos después de que uno de ellos comenzara a ondear un costal para llamar la atención desde el aire.
Habían salido de Paredón para una jornada de pesca
Daniel y José Luis son originarios de Paredón, comunidad pesquera del municipio de Tonalá, Chiapas. Zarparon el jueves 13 de agosto para realizar sus actividades habituales en el Pacífico.
El último contacto con ellos ocurrió el viernes 14 de agosto. Cuando dejaron de responder por radio y no regresaron, la cooperativa pesquera a la que pertenecen pidió apoyo para iniciar su búsqueda.
En un primer momento participaron autoridades estatales, municipales y embarcaciones de la zona. Posteriormente, la Secretaría de Marina amplió el operativo con medios navales y aéreos.
Para entonces, los dos hombres ya enfrentaban una emergencia muy distinta.
Una ola los dejó únicamente con lo que flotaba
Según el testimonio de los sobrevivientes, durante la madrugada del sábado una ola golpeó la embarcación y la hundió rápidamente. Intentaron recuperar algunas pertenencias, pero en cuestión de segundos quedaron expuestos al mar.
Entre lo poco que permaneció flotando encontraron una hielera de gran tamaño y bidones de gasolina. Esos objetos se transformaron en su plataforma improvisada mientras el oleaje los alejaba cada vez más de la costa.
La hielera no era una lancha ni ofrecía protección real contra las condiciones del océano. Sin embargo, les permitió sostenerse sobre el agua durante los siguientes días.
El escenario se volvió más complicado porque, según José Luis, después del naufragio dejaron de tener acceso a comida y agua potable.
“Ningún alimento o agua hasta este miércoles”.
Ese fue el periodo que el pescador describió entre el momento en que quedaron a la deriva y el rescate del 19 de agosto. El dato corresponde al relato de los propios sobrevivientes, quienes posteriormente recibieron atención médica por deshidratación.
Cinco días esperando una señal en medio del Pacífico
Con el paso de las horas, el sol, la sed y el agotamiento comenzaron a debilitarlos. Daniel reconoció después del rescate que llegó a pensar que no volvería a ver a su familia.
Mientras ellos trataban de mantenerse a flote, la búsqueda crecía.
La Marina desplegó unidades bajo el concepto denominado Trinomio, formado por un buque, una embarcación interceptora y una aeronave. La combinación permite cubrir simultáneamente una mayor superficie marítima y fue utilizada para seguir el rastro de los pescadores.
Finalmente llegó la oportunidad que necesitaban.
Vieron una aeronave y comenzaron a ondear un costal
Después de permanecer días rodeados únicamente por mar, los pescadores observaron una aeronave. José Luis tomó un costal que tenían entre sus pertenencias y comenzó a agitarlo para conseguir que los tripulantes pudieran distinguirlos desde el aire.
La señal fue vista. La aeronave regresó hacia su posición y permitió confirmar que las dos personas buscadas continuaban con vida.
La localización ocurrió aproximadamente a 130 millas náuticas de las costas de Chiapas, equivalentes a 240.76 kilómetros. Una Patrulla Oceánica se desplazó entonces hasta el punto señalado para realizar las maniobras de recuperación.
Después de cinco días de incertidumbre, la espera había terminado.
De la hielera a un helicóptero de la Marina
Personal naval subió a los dos pescadores a la unidad y Sanidad Naval realizó una primera valoración médica. Posteriormente fueron trasladados en helicóptero hasta puerto para continuar con su atención.
En Puerto Chiapas pudieron reencontrarse con sus familiares. Los reportes posteriores señalaron que recibieron atención por deshidratación y desgaste físico tras los días que permanecieron expuestos en altamar.
Daniel aseguró después de regresar a tierra que la experiencia modificó su relación con un oficio al que había dedicado buena parte de su vida: ya no quiere volver a pescar y planea retirarse.
La historia terminó con dos hombres vivos y una secuencia difícil de imaginar al momento de zarpar: una ola que hundió su embarcación, una hielera convertida en flotador durante cinco días y un costal transformado en la señal que finalmente permitió encontrarlos.
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