Horizonte

El cráter blanco de Guanajuato: túnel, lago perdido y paisaje lunar

Un túnel de 400 metros lleva a un antiguo lago volcánico convertido en una planicie blanca
Redacción | 2 Septiembre, 2026
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Hay un punto en Valle de Santiago, Guanajuato, donde el camino desaparece dentro de la montaña. Después de avanzar aproximadamente 400 metros por un túnel, la oscuridad termina y aparece una enorme planicie blanquecina rodeada por las paredes de un antiguo volcán.

Es el Rincón de Parangueo, uno de los paisajes más singulares de la Región Volcánica Siete Luminarias. A primera vista parece un desierto cubierto de nieve, pero el color blanco procede de los sedimentos y sales acumulados en lo que durante décadas fue el fondo de un lago.

Detrás de esa imagen hay una historia de aproximadamente 400 mil años, un lago que perdió prácticamente toda su agua y un fenómeno de hundimiento que continúa deformando parte de su superficie.


Rincón de Parangueo


Rincón de Parangueo nació de una explosión volcánica

Aunque su forma circular puede recordar el impacto de un meteorito, su origen es completamente distinto.

Rincón de Parangueo es un maar, un cráter generado por explosiones freatomagmáticas: magma ascendente entró en contacto con agua subterránea y la presión resultante abrió la depresión.

Estudios geológicos lo ubican dentro del campo volcánico Michoacán-Guanajuato y las dataciones disponibles estiman su edad en alrededor de 400 mil años. El cráter se encuentra unos seis kilómetros al noroeste de la ciudad de Valle de Santiago.


Túnel para llegar


El paisaje blanco antes estaba cubierto por un lago

Lo sorprendente es que la imagen que hoy atrae a los visitantes es relativamente reciente.

Rincón de Parangueo mantuvo un lago permanente hasta la década de 1980. Los estudios científicos documentan que la desecación estuvo relacionada con la sobreexplotación del acuífero Salamanca-Valle de Santiago.

Al retirarse el agua quedaron expuestos antiguos sedimentos lacustres cargados de evaporitas. Entre los minerales encontrados aparecen trona, termonatrita, eitelita, halita y silvita, responsables en buena medida de ese aspecto blanco que hace parecer al fondo del cráter un paisaje de otro planeta.


Rincón de Parangueo


El fondo no solamente se secó: también comenzó a deformarse

La transformación de Rincón de Parangueo no terminó con la desaparición del lago.

Los científicos han documentado en el fondo fracturas, hundimientos y movimientos de sedimentos. Uno de los rasgos más evidentes es un escarpe de aproximadamente 10 a 12 metros de altura, formado por un sistema de fallas alrededor de la antigua zona profunda del lago.

En algunas estructuras estudiadas se estimaron desplazamientos cercanos a 50 centímetros por año, frente a unos seis centímetros en otras fallas del acuífero regional. La cifra no significa que todo el cráter descienda medio metro anualmente: corresponde a fallas específicas analizadas dentro de la cuenca.

Entre las posibles causas se encuentran la disolución de sales, compactación de los sedimentos y subsidencia asociada al sistema geológico local.


Túnel para llegar


Un túnel de 400 metros es la puerta al cráter

La entrada forma parte de la experiencia.

Para alcanzar el interior hay que atravesar un túnel de aproximadamente 400 metros. El sitio turístico oficial de Guanajuato señala que algunos tramos obligan incluso a avanzar agachado y que, al terminar el recorrido, el contraste de luz revela de golpe la superficie blanca del cráter.

El Gobierno de Guanajuato identifica este paso como un túnel de barreno construido durante el Porfiriato.

Además, el acceso volvió a abrirse al turismo en julio de 2026, luego de aproximadamente dos meses de trabajos de saneamiento por filtraciones de agua dentro del túnel. Las labores incluyeron limpieza, desazolve y clausura de una antigua fosa séptica situada sobre el paso.


Rincón de Parangueo


Cómo llegar al Rincón de Parangueo

La referencia principal es la ciudad de Valle de Santiago, al sur de Guanajuato.

Desde la cabecera municipal se toma la carretera rumbo a Guarapo. Aproximadamente a la altura del kilómetro 5 aparece la desviación hacia la comunidad de Rincón de Parangueo; desde ahí los señalamientos conducen hacia la zona del túnel.

La zona carretera también recibió trabajos de conservación durante 2026. El Gobierno de Guanajuato informó sobre mantenimiento en cinco kilómetros de vialidad que beneficia, entre otras comunidades, a Rincón de Parangueo, Guarapo y San Nicolás Parangueo.

 


Para navegación digital conviene buscar directamente “Cráter Rincón de Parangueo” y utilizar Valle de Santiago como punto de llegada inicial. Debido a que el acceso depende de las condiciones del túnel y del clima, especialmente en temporada de lluvias, es recomendable confirmar que se encuentre abierto antes de desplazarse.

Es parte de las Siete Luminarias de Guanajuato

Rincón de Parangueo forma parte del Área Natural Protegida Región Volcánica Siete Luminarias, decretada Monumento Natural el 21 de noviembre de 1997.

La región protegida abarca 8 mil 928 hectáreas y conserva un conjunto de cráteres y volcanes inactivos de Valle de Santiago, además de patrimonio natural y cultural.

El paisaje actual de Rincón de Parangueo resume miles de años de actividad geológica y apenas unas décadas de transformación ambiental: donde ahora el visitante camina sobre una planicie blanca y salitrosa, antes existía un lago permanente.


Rincón de Parangueo


Y para contemplarlo hay que superar primero su particular entrada: 400 metros de oscuridad antes de encontrarse de frente con uno de los paisajes volcánicos más extraños de México.



 

*ARD

De ejido a paraíso termal: así nació el fenómeno turístico de Tolantongo

Entre grutas, pozas y un río turquesa, Tolantongo conserva una historia comunitaria que sorprende
Redacción | 2 Septiembre, 2026
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Hay destinos que impresionan desde la primera fotografía y otros cuya historia termina por hacerlos todavía más interesantes. Las Grutas de Tolantongo, en Cardonal, Hidalgo, pertenecen a ambas categorías: una barranca profunda, un río de tonalidades turquesa, agua templada que brota de la montaña y decenas de pozas termales construidas frente a un paisaje que parece alejado por completo del centro de México.

Tolantongo se encuentra dentro del Valle del Mezquital, una región caracterizada por terrenos secos, magueyes, montañas y comunidades que durante generaciones aprendieron a vivir en condiciones difíciles. En medio de ese paisaje semidesértico, la presencia permanente de agua caliente crea un contraste extraordinario.

 

Agua templada brota de la montaña y alimenta grutas, túneles, cascadas y un río turquesa.

 

Pero el lugar no nació como un enorme balneario ni fue descubierto por una empresa turística. Su historia está ligada al ejido de San Cristóbal, a la lucha por la tierra y al esfuerzo de habitantes que comenzaron ofreciendo caballos y alimentos a los primeros visitantes hasta transformar la barranca en uno de los destinos turísticos más famosos de Hidalgo.

 

 

Tolantongo ya maravillaba a científicos hace más de un siglo

Aunque actualmente las Grutas de Tolantongo aparecen constantemente en redes sociales y guías de viaje, el interés por este lugar comenzó mucho antes del auge del turismo moderno.

En 1910, el naturalista mexicano Manuel María Villada realizó una exploración científica de la zona. Durante su recorrido estudió la geología de la barranca, las formaciones rocosas, la vegetación y el comportamiento del agua que surgía desde el interior de la montaña.

El investigador quedó sorprendido por las condiciones naturales del sitio y llegó a imaginar que aquellas aguas podían convertirse en un espacio de aprovechamiento recreativo y terapéutico.

Su visita es importante porque demuestra que Tolantongo era conocido y estudiado décadas antes de convertirse en el complejo turístico que hoy recibe visitantes de México y del extranjero.

Durante los años siguientes continuaron las exploraciones y estudios sobre la zona. La barranca de Tolantongo resultaba especialmente atractiva para científicos porque reunía ambientes muy diferentes: desde partes altas áridas hasta áreas húmedas alimentadas por manantiales.

 

 

El origen de Tolantongo está relacionado con una lucha por la tierra

La historia que explica el desarrollo actual del destino comienza en las primeras décadas del siglo XX.

La población de San Cristóbal estaba formada en buena medida por trabajadores vinculados con terrenos de la antigua hacienda Santa Rosa La Florida. En 1930 sus habitantes solicitaron formalmente tierras y, después del proceso agrario, en 1934 recibieron una dotación de aproximadamente mil 490 hectáreas.

Dentro de aquellas tierras estaba incluida la barranca de Tolantongo.

Ese momento resultó decisivo. Las grutas y las aguas termales quedaron ligadas a un ejido cuyos habitantes dependían principalmente de actividades agrícolas en terrenos poco productivos.

Las familias buscaron diferentes alternativas económicas. Hubo comercio de productos de la región, aprovechamiento de recursos y distintas actividades complementarias, pero con el paso de los años comenzó a surgir una posibilidad que cambiaría a la comunidad: el turismo.

Antes de hoteles y pozas, los visitantes bajaban en caballo o mula

Durante la década de 1960 empezaron a llegar viajeros atraídos por las aguas calientes y la enorme gruta.

La experiencia era muy diferente a la actual. No existían carreteras modernas, hoteles ni grandes áreas recreativas. Para llegar al fondo de la barranca era común recurrir a caballos, mulas o burros que los propios habitantes rentaban a los visitantes.

Después comenzaron a ofrecer comida y espacios donde las personas podían permanecer o acampar.

Aquellos primeros ingresos se utilizaron para mejorar paulatinamente el lugar. Aparecieron escaleras, andadores, regaderas, vestidores y accesos provisionales.

La comunidad comprendió que la barranca podía convertirse en una fuente de trabajo sin entregar el control del territorio a inversionistas externos.

A partir de 1972, los ejidatarios comenzaron a organizarse de manera más formal y en 1975 concluyó un camino de terracería que facilitó la llegada de visitantes.

El turismo creció rápidamente.

 

 

Una cooperativa convirtió la barranca en un proyecto comunitario

Uno de los aspectos que hacen diferente a Tolantongo frente a otros complejos turísticos de México es su modelo de administración.

El desarrollo del lugar fue impulsado por los propios ejidatarios de San Cristóbal. Con el aumento de visitantes, se organizaron para distribuir responsabilidades, administrar recursos y reinvertir los ingresos en infraestructura.

En los años siguientes surgieron nuevas áreas recreativas, restaurantes, hoteles, caminos internos y servicios.

La Sociedad Cooperativa Ejidal Grutas Tolantongo terminó consolidando la administración comunitaria del sitio y obtuvo reconocimiento formal en 1998.

El resultado es visible actualmente: donde antes había un acceso complicado al fondo del barranco hoy existen alojamientos, restaurantes, zonas de campamento, transporte interno y distintos atractivos alrededor de las aguas termales.

Por eso, visitar Tolantongo también significa conocer uno de los ejemplos más interesantes de turismo comunitario y ejidal de México.

 

 

¿Qué significa Tolantongo?

El nombre ha despertado distintas interpretaciones.

Documentos históricos registran variantes como Tonantongo, Tonaltongo, Tolaltongo y Tolantongo, lo que hace difícil establecer una explicación única.

Una de las interpretaciones más difundidas relaciona el nombre con vocablos de origen náhuatl vinculados al calor, por lo que suele traducirse como un lugar “donde se siente calorcito”.

La descripción parece hecha para el sitio: aun cuando el clima de las montañas puede ser fresco, el agua surge a temperaturas agradables y permite entrar al río o las pozas prácticamente durante todo el año.

El río turquesa que convirtió a Tolantongo en fenómeno turístico

La imagen más famosa del destino es probablemente su río azul turquesa serpenteando entre las paredes de la barranca.

El agua caliente brota desde sistemas naturales dentro de la montaña y atraviesa la gruta y el túnel antes de continuar hacia diferentes zonas del complejo.

El contacto con las formaciones calcáreas y las características minerales del agua contribuyen al aspecto claro y azul verdoso que vuelve al río tan fotogénico.

El espectáculo resulta todavía más impactante por el entorno. El agua aparece entre paredes rocosas y montañas que, vistas desde arriba, tienen una apariencia árida.

El visitante pasa en pocos minutos de observar magueyes y terrenos secos a sumergirse en agua termal rodeada de vegetación y roca.

 

 

La Gruta: entrar al corazón de la montaña

Uno de los recorridos indispensables es precisamente La Gruta.

Al acercarse comienza a sentirse la humedad y la temperatura cambia. Una gran corriente cae dentro de la cavidad mientras el agua cubre parte del piso rocoso.

Aquí no se trata únicamente de mirar: buena parte de la experiencia consiste en entrar al agua y avanzar dentro de la formación natural.

El agua termal del parque se mantiene aproximadamente entre 36 y 38 grados Celsius, aunque la sensación puede cambiar de acuerdo con la zona y el flujo.

El terreno es irregular y resbaloso, por lo que es recomendable utilizar calzado acuático, sujetar a los menores y evitar ingresar con teléfonos, cámaras u objetos que puedan perderse debido a la fuerza del agua.

Muy cerca se encuentra el túnel, donde el agua caliente y el vapor crean una experiencia distinta a la del río abierto.

Las pozas termales: la fotografía que todos quieren

En el área de Paraíso Escondido se encuentran las famosas pozas termales escalonadas.

Estas pequeñas albercas fueron construidas sobre la ladera para aprovechar el agua y, al mismo tiempo, ofrecer una panorámica privilegiada de las montañas.

Algunas parecen suspendidas frente al vacío.

Es aquí donde se toman muchas de las imágenes que han hecho famoso a Tolantongo en Instagram, TikTok y otras plataformas. La combinación de agua azul, piedra y montañas crea uno de los escenarios más reconocibles de Hidalgo.

Para disfrutarlas con mayor tranquilidad conviene llegar temprano y, de ser posible, acudir entre semana, cuando normalmente existe menor concentración de visitantes que durante puentes, vacaciones o Semana Santa.

 

 

Río, cascadas, puente y tirolesa: hay mucho más que las pozas

Limitar una visita únicamente a las pozas sería perder buena parte del atractivo.

El río termal cuenta con zonas acondicionadas para permanecer dentro del agua y pasar varias horas. También existen albercas, senderos, cascadas y un puente colgante que permite contemplar la barranca desde otro ángulo.

Para quienes buscan una actividad más intensa está la tirolesa, cuyo circuito completo suma aproximadamente 1,890 metros.

Lo recomendable para una primera visita es dedicar tiempo tanto a La Gruta como a Paraíso Escondido, porque cada zona ofrece experiencias diferentes.

 

 

¿Cuánto cuesta visitar las Grutas de Tolantongo en 2026?

La entrada general actualizada para 2026 cuesta 230 pesos por persona y por día.

El boleto es válido de 7:00 de la mañana a 8:00 de la noche y permite acceder a los principales atractivos de ambas áreas, entre ellos gruta, túnel, río, albercas, senderos, pozas termales, puente colgante y cascadas.

Los costos principales son:

  • Entrada general: $230 por persona al día
  • Estacionamiento: $50 por vehículo al día
  • Tirolesa completa: $300 por persona
  • Casa de campaña para cuatro personas: $250 por noche, más depósito de $200
  • Transporte Ixmiquilpan-Tolantongo: $80 por persona por trayecto
  • Niños de 0 a 4 años: entrada gratuita
  • INAPAM: 50% de descuento sobre la entrada presentando credencial

Un dato esencial antes de salir: los pagos dentro del parque se realizan en efectivo. No conviene depender de tarjetas bancarias y es mejor retirar dinero antes de iniciar el último tramo del recorrido.

¿Cuánto cuesta hospedarse en Tolantongo?

Dormir dentro o cerca del complejo permite conocer el lugar con mucha mayor tranquilidad.

En la sección La Gruta, las habitaciones comienzan aproximadamente desde 1,000 pesos por noche. En Paraíso Escondido existen opciones desde alrededor de 1,150 pesos.

Las áreas Paraíso #2 y Rancho, que cuentan con servicios adicionales en algunas habitaciones, manejan opciones desde aproximadamente 1,500 pesos, mientras que Molanguito dispone de alternativas desde alrededor de 650 pesos en las fechas en que opera.

Las tarifas varían según capacidad y características de la habitación.

Es importante considerar que el hospedaje no sustituye el boleto de entrada. Cada visitante debe contar con su entrada correspondiente por cada día de permanencia.

Quienes prefieran una experiencia más cercana a la naturaleza pueden llevar su propia casa de campaña o rentar una dentro del parque.

Cómo llegar a Tolantongo desde Puebla en automóvil

Para quienes salen desde Puebla, la ruta más práctica conduce hacia Pachuca, continúa rumbo a Actopan y posteriormente a Ixmiquilpan.

Desde Ixmiquilpan se siguen las indicaciones hacia Cardonal y Grutas Tolantongo.

El último tramo merece especial atención. La carretera desciende hacia la barranca mediante pendientes y numerosas curvas, por lo que es recomendable viajar de día y revisar previamente frenos, llantas y niveles del automóvil.

No es un trayecto para conducir con prisas.

El paisaje durante el descenso es parte del viaje: poco a poco las montañas se abren hasta revelar la profundidad de la barranca.

Cómo ir en transporte público desde Puebla

También es posible realizar el viaje sin automóvil.

Desde la CAPU de Puebla se puede viajar hacia Pachuca y posteriormente tomar otro autobús a Ixmiquilpan.

Al llegar a Ixmiquilpan hay que dirigirse hacia la zona de San Antonio, donde se encuentra la base del transporte que realiza el recorrido hasta las Grutas de Tolantongo.

El pasaje oficial Ixmiquilpan-Tolantongo cuesta actualmente 80 pesos por persona por trayecto.

Para este tipo de viaje conviene salir temprano, ya que se requieren varios transbordos y el regreso debe planearse considerando los horarios del transporte.

 

 

¿Un día o un fin de semana?

Es posible visitar Tolantongo durante una jornada, pero para disfrutarlo realmente vale la pena considerar dos días y una noche.

En una visita rápida, el viajero puede conocer la gruta, el río y las pozas principales. Con una noche de hospedaje o campamento existe tiempo para caminar, bañarse sin prisas, recorrer ambas zonas y disfrutar el paisaje cuando baja el flujo de visitantes.

El amanecer entre las montañas ofrece además una cara diferente de la barranca.

Quienes buscan fotografías deberían comenzar temprano por las pozas termales y posteriormente descender hacia el río y La Gruta.

 

 

Qué llevar para disfrutar Tolantongo sin contratiempos

El traje de baño es indispensable, pero hay otros objetos que pueden hacer la experiencia mucho más cómoda.

El calzado acuático o antiderrapante ayuda a caminar sobre superficies mojadas. Una funda impermeable permite proteger teléfono y dinero, y una muda seca de ropa resulta especialmente útil si se permanece hasta el atardecer.

También conviene llevar efectivo suficiente, bloqueador, artículos personales y una bolsa para separar prendas mojadas.

En temporada de lluvias deben seguirse estrictamente las recomendaciones del personal y evitar acampar cerca del río cuando las condiciones meteorológicas representan riesgo.

 

 

Tolantongo merece más que una fotografía

Las Grutas de Tolantongo pueden venderse fácilmente como un paisaje espectacular: un río turquesa, aguas termales, montañas y pozas frente al cañón.

Sin embargo, su verdadero valor aparece cuando el visitante descubre la historia detrás del lugar.

Hace más de un siglo los científicos ya describían la extraordinaria barranca. Décadas después, las tierras pasaron al ejido de San Cristóbal y sus habitantes comenzaron a desarrollar de manera gradual un proyecto turístico propio.

Los primeros visitantes descendían en animales; después llegaron caminos, escaleras, servicios, hoteles y las famosas pozas.

Esa transformación explica por qué Tolantongo no es solamente un balneario. Es el resultado de naturaleza, historia agraria, organización comunitaria y turismo, reunidos en uno de los escenarios más sorprendentes del centro de México.

Para quien sale desde Puebla buscando un viaje distinto, pocas experiencias combinan tan bien paisaje, agua termal, aventura, descanso e historia.

 

 

 

*BC

El Cóporo, la ciudad prehispánica que vigila el norte de Guanajuato

Entre senderos y antiguas plazas, El Cóporo revela una ciudad levantada sobre un cerro
Redacción | 1 Septiembre, 2026
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En el municipio de Ocampo, Guanajuato, una montaña conserva las huellas de una ciudad que floreció hace alrededor de 1,500 años. La Zona Arqueológica El Cóporo sorprende porque sus antiguos habitantes no se limitaron a ocupar el valle: levantaron viviendas, talleres, espacios administrativos y recintos ceremoniales a diferentes alturas del cerro.

Visitarla implica hacer algo más que contemplar vestigios. El recorrido comienza en las zonas donde se desarrollaba buena parte de la vida cotidiana y continúa cuesta arriba hasta alcanzar espacios relacionados con el poder y las ceremonias. Conforme aumenta la altura, también cambia la función de los edificios.

Esta integración entre arqueología, montaña y paisaje convierte a El Cóporo en uno de los destinos históricos más singulares del norte de Guanajuato y en una alternativa para quienes buscan sitios menos concurridos que permitan caminar, observar y comprender la historia en el mismo terreno donde ocurrió.


Zona Arqueológica El Cóporo


¿Dónde está la Zona Arqueológica El Cóporo?

El Cóporo se localiza en el municipio de Ocampo, al noroeste del estado de Guanajuato, cerca de la comunidad de San José del Torreón y en las estribaciones de la sierra de Santa Bárbara.

El asentamiento ocupa una zona de transición entre áreas de valle, cañadas y zonas elevadas. Esta posición ofreció a sus habitantes acceso a tierras agrícolas, agua, vegetación y recursos procedentes de distintos ecosistemas.

También proporcionaba una amplia visibilidad sobre el territorio.

El paisaje que hoy constituye uno de los principales atractivos turísticos fue, hace siglos, parte esencial para la supervivencia y organización de la comunidad.

¿Qué significa El Cóporo?

El nombre Cóporo procede de una voz de origen tarasco a la que se atribuyen los significados “sobre el gran camino” o “el camino grande”.

El término resulta especialmente interesante por la posición del asentamiento dentro de una región donde existieron rutas de intercambio y contactos culturales entre el Bajío y territorios situados más al norte.


Zona Arqueológica El Cóporo


Sin embargo, el origen del nombre no significa que pueda identificarse automáticamente a sus antiguos pobladores como purépechas.

Los descubrimientos arqueológicos relacionan al sitio con la llamada Tradición Tunal Grande, mientras que diferentes objetos encontrados muestran vínculos con regiones que actualmente corresponden a Guanajuato, Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí.

Una ciudad de la frontera norte de Mesoamérica

La importancia de El Cóporo aumenta cuando se observa su ubicación dentro del México prehispánico.

El asentamiento formó parte de la frontera septentrional de Mesoamérica, una amplia zona en la que interactuaban sociedades agrícolas con poblaciones y territorios del norte.

En lugar de imaginar una frontera rígida, las investigaciones muestran un espacio dinámico en el que circulaban productos, técnicas, estilos arquitectónicos e ideas.

El desarrollo de El Cóporo está relacionado con la Tradición Tunal Grande, cuya presencia se extendió aproximadamente entre los años 200 y 900 de nuestra era. Para el sitio se reconoce un periodo particularmente importante entre aproximadamente 500 y 900 d.C.

Fue durante esos siglos cuando el cerro adquirió la configuración que todavía puede reconocerse en sus diferentes conjuntos arquitectónicos.

El recorrido comienza donde transcurría la vida cotidiana

Una de las mejores maneras de entender El Cóporo es recorrerlo desde abajo.

En la parte baja se encuentra el Conjunto Llano, donde existieron viviendas, áreas públicas y espacios destinados a distintas actividades productivas.


Zona Arqueológica El Cóporo


Las excavaciones permitieron localizar fogones y restos de alimentos, entre ellos maíz, calabaza, amaranto y frijol. También existen evidencias del consumo de productos como chile y tomatillo.

Estos descubrimientos ayudan a imaginar una ciudad viva.

Antes de convertirse en estructuras arqueológicas, aquellos espacios estuvieron ocupados por familias que cocinaban, almacenaban alimentos, cultivaban la tierra, fabricaban objetos y desarrollaban actividades cotidianas muy lejos de la imagen de un sitio compuesto únicamente por templos.

El Conjunto Llano representa, por ello, una puerta de entrada a la vida diaria de sus habitantes.

Gotas y Montes, los espacios de una sociedad organizada

El ascenso por la ladera conduce hacia otras áreas de la antigua ciudad.

El Conjunto Gotas estuvo relacionado con actividades cívicas y administrativas, mientras que el Conjunto Montes presenta características principalmente residenciales.

La distribución de estos sectores muestra que El Cóporo tuvo una organización más compleja de lo que podría sugerir a primera vista su posición aislada entre montañas.

No todos los habitantes utilizaban los mismos espacios ni realizaban las mismas actividades.

Había zonas para vivir, trabajar, administrar y reunirse, mientras los espacios considerados más importantes o sagrados fueron colocados en sectores elevados.

Esta diferencia se vuelve evidente conforme el visitante continúa subiendo.

Puerto del Aire y el camino hacia la montaña sagrada

Uno de los puntos más evocadores del recorrido es Puerto del Aire.

Los arqueólogos identificaron en esta zona un camino empedrado que pudo funcionar como vía de acceso hacia los sectores ceremoniales localizados en las partes superiores del cerro.

Su existencia abre una posibilidad fascinante: la subida podría haber tenido también un significado ritual.

Quien avanzaba desde las áreas habitacionales hacia la cima abandonaba progresivamente los espacios cotidianos para aproximarse a lugares relacionados con ceremonias y grupos de mayor jerarquía.


Zona Arqueológica El Cóporo


Actualmente, el turista sigue parcialmente ese mismo principio.

Cada tramo del ascenso permite mirar el valle desde una perspectiva distinta y comprender por qué la montaña no fue simplemente el terreno sobre el que se construyó El Cóporo: la montaña formaba parte de la propia concepción de la ciudad.

En la cima estaba el corazón ceremonial

El punto más importante se encuentra en la parte superior.

El llamado Conjunto Cóporo concentraba espacios de carácter ceremonial. Desde esta altura, la relación entre arquitectura y paisaje se hace especialmente evidente.

El dominio visual sobre el entorno debió tener tanto funciones prácticas como simbólicas.

Desde arriba podían observarse amplias extensiones del valle, mientras la posición elevada diferenciaba estos recintos de las áreas habitacionales situadas más abajo.

También existen otros sectores que permiten reconstruir la complejidad del asentamiento, como los conjuntos Caracol y Pilar, asociados con espacios residenciales, cívicos y elementos que delimitaban áreas específicas.

El resultado fue una ciudad que aprovechó diferentes niveles naturales del terreno para separar funciones y establecer jerarquías.

Zona Arqueológica El Cóporo


Agua, agricultura y paisaje: las claves para sobrevivir

La elección del lugar tampoco fue casual.

En los alrededores del cerro existen corrientes como los arroyos Cóporo y Gotas, además de manantiales y recursos naturales que hicieron posible establecer una población permanente.

El agua era esencial para beber, cultivar y sostener la vida diaria, pero también pudo adquirir significados vinculados con las creencias de sus habitantes.

La agricultura tuvo un papel fundamental.

El maíz, frijol, calabaza y amaranto documentados arqueológicamente muestran una dieta relacionada con cultivos básicos mesoamericanos. A esos recursos se sumaban productos obtenidos de los diferentes ambientes que rodeaban el asentamiento.

Valle, monte y cañadas funcionaban como un solo territorio aprovechado por la comunidad.

Beatriz Braniff y el redescubrimiento de El Cóporo

Aunque los habitantes de la región conocían desde mucho tiempo atrás la existencia de vestigios sobre el cerro, las investigaciones arqueológicas modernas adquirieron especial importancia en 1962.

Ese año, la arqueóloga Beatriz Braniff realizó excavaciones que permitieron estudiar la cerámica y distintos elementos arquitectónicos del sitio.

Entre los descubrimientos llamaron la atención algunas columnas y características constructivas con semejanzas respecto a sitios del norte, particularmente La Quemada y Alta Vista, en Zacatecas.

Aquellos trabajos fueron fundamentales para comenzar a comprender que las sociedades establecidas en esta región mantenían contactos mucho más amplios.

Después de varias décadas, las investigaciones sistemáticas fueron retomadas en 2002, y una nueva etapa desarrollada a partir de 2005 permitió identificar con mayor precisión los conjuntos arquitectónicos y reconstruir la cronología de la ciudad.


Zona Arqueológica El Cóporo


¿Por qué fue abandonado El Cóporo?

El asentamiento comenzó a perder importancia hacia los últimos siglos de su ocupación y terminó siendo abandonado.

No existe una única explicación comprobada que permita atribuir su desaparición a una guerra, sequía o acontecimiento específico.

El abandono debe entenderse dentro de las transformaciones que experimentó la frontera norte de Mesoamérica hacia finales del primer milenio de nuestra era, cuando numerosos centros de esa amplia región disminuyeron su población o fueron abandonados.

Lo que quedó fueron plataformas, caminos, terrazas, plazas y objetos sepultados durante siglos.

La arqueología ha permitido unir esas evidencias para reconstruir fragmentos de la antigua ciudad.

¿Cuánto tiempo se necesita para conocer El Cóporo?

Visitar El Cóporo exige más tiempo que detenerse frente a unas cuantas estructuras.

El recorrido completo puede durar aproximadamente dos horas o dos horas y media, dependiendo del ritmo del visitante y del tiempo dedicado a observar los diferentes conjuntos.

Hay que considerar que buena parte de la experiencia incluye caminatas y ascensos por terreno abierto, por lo que resulta recomendable acudir con calzado apropiado.

También conviene llevar agua, gorra o sombrero y protector solar, especialmente durante las temporadas de mayor radiación.

La recompensa está en completar el recorrido hasta las partes elevadas, donde las vistas permiten dimensionar el territorio controlado por la antigua comunidad.

Cómo llegar a El Cóporo desde Ocampo

La Zona Arqueológica El Cóporo se encuentra próxima a San José del Torreón, dentro del municipio de Ocampo.

Desde la cabecera municipal de Ocampo se debe tomar la carretera estatal en dirección a León.

Después de recorrer aproximadamente 13 kilómetros, se encuentra la desviación hacia El Torreón. A partir de este punto se continúa cerca de 6 kilómetros hasta llegar al área de acceso y al Centro de Atención a Visitantes de El Cóporo.

La referencia oficial del sitio corresponde a Camino al Cóporo, aproximadamente en el kilómetro 4, San José del Torreón, Ocampo, Guanajuato.

Para quienes viajan en automóvil, el sitio dispone de estacionamiento.
 

Cómo llegar a El Cóporo desde León

Desde León, Guanajuato, una de las rutas consiste en salir en dirección a San Felipe y posteriormente continuar hacia el entronque que conduce a Ocampo.

En la zona de la comunidad de Ibarra se toma la ruta que comunica con el entronque Cabras-El Torreón y posteriormente se continúa hacia El Torreón.

Desde ese punto restan aproximadamente 4 kilómetros para alcanzar el Centro de Atención a Visitantes y el acceso a la zona arqueológica.

Por tratarse de un destino rural, es conveniente cargar combustible antes de emprender los últimos tramos y descargar previamente la ruta en el teléfono si se utiliza navegación GPS.

 


Horarios para visitar El Cóporo

El horario vigente de la Zona Arqueológica El Cóporo es de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.

El último acceso se permite a las 16:00 horas, una medida relacionada con la duración del recorrido y el tiempo necesario para regresar antes del cierre.

Por esta razón, llegar durante las primeras horas de operación permite realizar la visita con mayor tranquilidad.

El sitio permanece cerrado los lunes.

Cuenta con servicios básicos como estacionamiento y sanitarios, además de un espacio de atención para quienes llegan a conocer el patrimonio arqueológico de la región.

¿Cuánto cuesta entrar a El Cóporo?

Las plataformas oficiales muestran actualmente diferencias respecto a la tarifa.

El registro de Lugares INAH señala entrada gratuita correspondiente al instituto, junto con una cuota adicional FIARCA de 65 pesos para adultos y 20 pesos para menores.

Por su parte, la información estatal de Guanajuato publica una cuota de recuperación de 70 pesos para adultos y 20 pesos para niñas y niños de 6 a 12 años.

Debido a esta diferencia, el costo debe confirmarse antes de realizar la visita, especialmente cuando se viaja en familia o con grupos numerosos.

Una experiencia para quienes buscan un Guanajuato diferente

El Cóporo ofrece una imagen de Guanajuato muy distinta a la de sus callejones coloniales, templos barrocos y antiguas minas.

Aquí la historia retrocede más de un milenio.

El visitante camina por los espacios donde antiguamente hubo hogares, atraviesa sectores administrativos, sigue senderos sobre la montaña y termina contemplando el valle desde los mismos puntos donde se desarrollaron ceremonias hace siglos.


Zona Arqueológica El Cóporo


No es necesario encontrar enormes pirámides para comprender su importancia.

El atractivo de El Cóporo se encuentra precisamente en descubrir cómo una sociedad adaptó su ciudad a la forma del cerro y convirtió cada nivel del terreno en una parte diferente de su organización.

Para viajeros interesados en arqueología, senderismo, naturaleza e historia prehispánica, este rincón de Ocampo permite conocer otra cara de Guanajuato: la de una antigua ciudad levantada entre el valle y la montaña, en uno de los límites históricos del mundo mesoamericano.


 

*ARD

Real del Monte, Hidalgo: historia minera, pastes y arquitectura inglesa

Un Pueblo Mágico donde la plata, los mineros ingleses y el paste cuentan cuatro siglos de historia
Redacción | 1 Septiembre, 2026
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Real del Monte, Hidalgo, tiene algo que pocos destinos mexicanos pueden ofrecer: permite caminar en unas horas por cuatro siglos de minería, entrar a túneles de donde se extrajo plata, recorrer un cementerio de tradición británica entre árboles y neblina, descubrir uno de los conflictos obreros más antiguos de América y terminar el día comiendo un paste recién horneado.

Su nombre oficial es Mineral del Monte, pero prácticamente todo el mundo lo conoce como Real del Monte. Se encuentra en las montañas de Hidalgo, muy cerca de Pachuca, dentro de un paisaje donde los tejados rojizos, casas de colores, chimeneas mineras y calles inclinadas recuerdan la profunda relación que este pueblo mexicano estableció con Cornualles, Inglaterra, durante el siglo XIX.

Desde Puebla es además una excelente escapada de fin de semana. Puedes recorrer el centro histórico, visitar dos de las minas más importantes, conocer el Panteón Inglés, probar la gastronomía local y, si tienes más tiempo, continuar hacia Huasca de Ocampo o Mineral del Chico.

De Magotsi a Real del Monte: así nació el pueblo minero

Mucho antes de las explotaciones españolas, el sitio era conocido como Magotsi, palabra de origen otomí relacionada con un paso o portezuelo situado en la altura. Su posición entre montañas lo convirtió en un corredor utilizado por quienes transitaban entre la Huasteca, Metztitlán y el centro del territorio mesoamericano.

Con la llegada de los españoles comenzó una nueva etapa. Las montañas escondían importantes depósitos minerales y la región de Pachuca-Real del Monte terminó convirtiéndose en uno de los grandes distritos productores de plata.

Las minas eran trabajadas desde el siglo XVI, aunque durante el siglo XVIII comenzó una explotación mucho más intensa. Entre 1726 y 1727 cobró especial importancia la Veta Vizcaína, ligada posteriormente al crecimiento de una de las fortunas mineras más famosas de la Nueva España.

No existe, por tanto, un único momento en que “se descubrió” la plata de Real del Monte. Su riqueza fue identificándose y explotándose progresivamente hasta formar una compleja red de minas, tiros, haciendas de beneficio y caminos.

Uno de esos sitios todavía puede visitarse: la Mina de Acosta, cuya historia documentada parte del denuncio realizado en 1727 por Thomas Antonio de Navarrete.

 

Real del Monte, antiguamente Maghotsi, debe su nombre otomí a su ubicación entre las montañas.

 

La plata convirtió a Real del Monte en un territorio de enormes fortunas

Durante el siglo XVIII aparece una figura indispensable para comprender este destino: Pedro Romero de Terreros, quien explotó importantes vetas de la región y posteriormente recibió el título de Conde de Regla.

La bonanza minera produjo riqueza, pero el trabajo bajo tierra era agotador y peligroso. Los barreteros descendían a las minas para extraer el mineral en condiciones difíciles y dependían no solamente del salario, sino también de una práctica conocida como “partido”.

Después de cumplir determinadas obligaciones, los trabajadores podían extraer mineral adicional y compartir su beneficio con los propietarios.

Cuando Romero de Terreros intentó modificar esas condiciones, creció el descontento.

Real del Monte fue escenario de la histórica huelga minera de 1766

El 15 de agosto de 1766, los trabajadores mineros de Real del Monte protagonizaron un levantamiento que es reconocido como una de las primeras grandes huelgas laborales de América y, de acuerdo con investigaciones históricas de la UAEH, la primera huelga minera de la que se tiene noticia en el continente.

Los mineros reclamaban principalmente la conservación del partido, pero sus inconformidades incluían también las condiciones de las jornadas, herramientas, velas y cargas de trabajo.

El conflicto llegó a convertirse en un episodio violento y obligó a las autoridades virreinales a intervenir.

Hoy, cuando el visitante observa los antiguos tiros y construcciones mineras, el paisaje adquiere otra dimensión: no únicamente habla de toneladas de mineral y riqueza, sino también de generaciones de trabajadores que desarrollaron una identidad profundamente vinculada con las minas.

 

Real del Monte y la histórica huelga minera de 1766.

 

Ingleses llegan en 1824 y cambian para siempre Real del Monte

Después de la Guerra de Independencia muchas minas quedaron deterioradas o inundadas y su explotación se volvió extremadamente difícil.

En 1824 comenzó la llegada de trabajadores, técnicos e inversionistas británicos, principalmente vinculados con Cornualles. Trajeron consigo tecnología avanzada para la época, especialmente máquinas de vapor tipo Cornish, fundamentales para extraer el agua acumulada dentro de las minas.

La inmigración dejó una transformación mucho más profunda que la estrictamente industrial.

Aparecieron casas de máquinas, construcciones de influencia británica, costumbres religiosas, cementerios y nuevas prácticas sociales. Incluso la arquitectura del pueblo comenzó a incorporar elementos que todavía distinguen a Real del Monte, como sus característicos techos inclinados de lámina roja.

La UNESCO destaca este legado al describir el distrito de Pachuca-Real del Monte como una región minera marcada por la migración de Cornualles y por una singular fusión entre las culturas mexicana y británica.

El paste nació de una historia de mineros

La herencia inglesa también llegó a la mesa.

Los trabajadores británicos llevaron consigo el Cornish pasty, una preparación horneada que podía transportarse fácilmente durante largas jornadas. En Hidalgo terminó transformándose en el paste, uno de los alimentos más representativos del estado.

El clásico relleno de papa con carne conserva la relación más evidente con la receta inglesa, pero la cocina mexicana terminó multiplicando sus posibilidades. Hoy encontrarás pastes de mole, frijoles, tinga y distintas preparaciones dulces.

Para comprender esta historia vale la pena visitar el Museo del Paste, ubicado a la entrada de Real del Monte. El recorrido explica su origen y evolución, muestra objetos relacionados con los mineros ingleses y ofrece una experiencia interactiva alrededor de su preparación.

Más que probar un alimento típico, comer un paste en Real del Monte significa degustar un capítulo de la migración europea en México.

 

 

¿Real del Monte también está ligado al origen del futbol en México?

Sí. Otro legado que los británicos llevaron al distrito minero fue el futbol.

Trabajadores, técnicos e ingenieros de origen inglés asentados en Pachuca y Real del Monte practicaban el deporte hacia la década de 1890, y aquellas actividades contribuyeron al surgimiento de los primeros clubes organizados del país.

Por eso Hidalgo mantiene una relación histórica privilegiada con el nacimiento del futbol mexicano.

En pocas calles, Real del Monte logra unir dos herencias aparentemente muy distintas: los pastes y el futbol, ambas vinculadas con aquellos trabajadores que cruzaron el Atlántico para llegar a las minas hidalguenses.

 

Otro legado que los británicos llevaron al distrito minero fue el futbol,

 

Mina de Acosta: baja a uno de los grandes escenarios de la historia

La Mina de Acosta es una visita prácticamente obligatoria.

Su historia documentada comienza en 1727 y sus instalaciones permiten observar distintas épocas: la minería novohispana, la llegada de los ingleses y sus máquinas de vapor, así como la posterior incorporación de nuevas tecnologías.

El sitio conserva construcciones, maquinaria, acueductos y elementos vinculados directamente con la extracción minera.

Actualmente abre de miércoles a lunes, de 9:30 a 17:30 horas. La tarifa publicada para 2026 es de 120 pesos entrada general y 100 pesos para niños, estudiantes, maestros y personas adultas mayores con credencial vigente.

Lleva zapatos cómodos y chamarra. La humedad y la temperatura dentro de las áreas mineras hacen que la experiencia sea mucho más fría que un recorrido convencional por un museo.

 

Mina de Acosta, símbolo de la historia minera de Real del Monte.

 

Mina La Dificultad: el gigante industrial de Real del Monte

La otra gran parada es la Mina La Dificultad, que inició operaciones en 1889.

Su importancia radica en que permite observar una etapa de transición tecnológica: el final de la era del vapor y el comienzo de la electricidad aplicada a la minería.

El conjunto industrial destaca incluso desde lejos por su monumental arquitectura. Aquí no necesitas imaginar cómo lucía una gran explotación minera del siglo XIX: buena parte de su infraestructura permanece frente al visitante.

Su horario publicado para 2026 es de miércoles a lunes de 9:30 a 17:30 horas. La entrada general cuesta 100 pesos y la tarifa reducida para niños, estudiantes, maestros y personas adultas mayores con credencial es de 80 pesos.

 

Mina La Dificultad, símbolo del patrimonio minero de Real del Monte desde 1889.

 

Panteón Inglés: 755 tumbas rodeadas de bosque

Pocos lugares representan mejor el carácter de Real del Monte que el Panteón Inglés.

Construido en el siglo XIX en una de las zonas altas del municipio, conserva 755 tumbas y está rodeado por árboles que, durante los días de neblina, transforman completamente el paisaje.

Entre sus sepulturas aparecen ingleses, escoceses, irlandeses, alemanes y personas de otras nacionalidades relacionadas con la historia de la región minera.

Una de sus características más conocidas es la orientación de las tumbas hacia Inglaterra. Además, la tradición popular relaciona una sepultura con el famoso payaso Richard Bell, aunque esa parte pertenece más al terreno de la leyenda local que a una certeza histórica.

El Panteón Inglés abre de martes a domingo, de 10:00 a 16:00 horas, y la información municipal vigente señala que la entrada es gratuita.

 

Panteón Inglés, construido en 1851, es uno de los sitios más emblemáticos de Real del Monte.

 

Museo de Medicina Laboral: así sobrevivían los mineros a los accidentes

Para conocer la minería desde otra perspectiva visita el Museo de Medicina Laboral Centro Cultural Nicolás Zavala.

El antiguo hospital minero fue fundado en 1907 para atender a trabajadores enfermos o accidentados de la Compañía Real del Monte y Pachuca.

En sus salas sobreviven mobiliario, instrumental médico y espacios que permiten conocer cómo evolucionó la atención de quienes sufrían accidentes dentro de las minas.

Abre de miércoles a lunes, de 9:30 a 17:30 horas. La entrada general es de 80 pesos y la tarifa reducida, de 70 pesos.

Después de recorrer túneles y maquinaria, visitar este antiguo hospital completa la historia: permite comprender el costo humano que tuvo durante décadas la extracción de minerales.

 

Museo de Medicina Laboral, antiguo hospital minero fundado en 1907.

 

Real del Monte también forma parte de un Geoparque Mundial UNESCO

La importancia del destino no termina con sus edificios.

Real del Monte forma parte del Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera, reconocido desde 2017 por su extraordinario patrimonio geológico, minero y cultural.

La propia UNESCO destaca al distrito Pachuca-Real del Monte como una de las grandes regiones argentíferas y subraya la huella que dejaron los mineros de Cornualles.

Dentro del municipio aparecen geositios como el Panteón Inglés, Bosque del Hiloche, Museo del Paste y Cantera de Tezoantla, lo que permite combinar turismo histórico con recorridos de naturaleza.

Cuánto cuesta conocer los principales atractivos

AtractivoCosto publicadoHorario
Mina de Acosta$120 general / $100 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Mina La Dificultad$100 general / $80 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Museo de Medicina Laboral$80 general / $70 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Panteón InglésGratisMartes a domingo, 10:00-16:00
Museo del PasteConsultar tarifa vigenteConfirmar antes de acudir

Si deseas visitar las tres atracciones mineras con entrada, calcula 300 pesos por adulto, sin incluir alimentos, estacionamiento, transporte ni Museo del Paste.

Cómo llegar a Real del Monte desde Puebla

Desde Puebla capital, una de las rutas más prácticas en automóvil es dirigirse hacia San Martín Texmelucan, incorporarse al Arco Norte rumbo a Hidalgo y posteriormente continuar hacia Pachuca. Desde la capital hidalguense debes tomar la carretera federal 105 hacia Real del Monte.

Dependiendo del tráfico y el punto de salida, conviene calcular entre dos horas y media y tres horas de viaje.

Desde Pachuca, el recorrido es mucho más corto: Real del Monte se encuentra aproximadamente a 17.9 kilómetros, alrededor de 23 minutos en condiciones favorables, utilizando el bulevar Luis Donaldo Colosio y después la carretera 105.

Quienes viajen desde Ciudad de México pueden utilizar la autopista México-Pachuca y posteriormente continuar hacia el Corredor de la Montaña.

Si prefieres transporte público, puedes llegar primero a Pachuca y desde ahí utilizar combis, taxis o transporte regional hacia Mineral del Monte.

 

 

¿Por qué Real del Monte merece un viaje desde Puebla?

Porque no necesitas inventar una experiencia turística: la historia está físicamente frente a ti.

Puedes entrar en minas trabajadas durante siglos, conocer maquinaria que transformó la industria, caminar por un cementerio británico de 755 sepulturas, descubrir el escenario de la huelga minera de 1766, comer una receta heredada de Cornualles y recorrer un pueblo donde el origen del futbol mexicano aparece entre chimeneas y montañas.

Real del Monte es historia novohispana, industrial y obrera convertida en un viaje.

Y cuando la neblina cubre sus tejados rojos, el aroma de los pastes sale de los hornos y las antiguas estructuras mineras aparecen entre las montañas, resulta fácil comprender por qué sigue siendo uno de los Pueblos Mágicos más especiales de Hidalgo.

 

 

*BC

Peralta, la joya arqueológica de Guanajuato que pocos conocen

Entre patios hundidos y templos, Peralta conserva el misterio de quienes dominaron el Bajío
Redacción | 31 Agosto, 2026
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Entre campos de cultivo y las laderas de un cerro en Abasolo, Guanajuato, se levanta uno de los asentamientos prehispánicos más importantes y menos conocidos del Bajío: la Zona Arqueológica de Peralta, una antigua ciudad que llegó a concentrar poder político, ceremonial y económico siglos antes de la llegada de los españoles.

El sitio conserva 20 conjuntos arquitectónicos distribuidos desde el cerro Peralta hasta las tierras bajas próximas al río Lerma. Sin embargo, sólo dos han sido explorados, restaurados y preparados para recibir visitantes: La Mesita y El Divisadero.


Zona Arqueológica de Peralta


Y aunque la arqueología ha permitido reconstruir parte de la vida de sus habitantes, todavía permanece una pregunta abierta: no se conoce con certeza la filiación étnica de la población que levantó Peralta.

Una gran ciudad surgió en el corazón del Bajío

Peralta se desarrolló durante el primer milenio de nuestra era. La Secretaría de Cultura de Guanajuato sitúa su ocupación entre los años 300 y 900 d.C. y la considera uno de los seis asentamientos monumentales más grandes asociados con la tradición arquitectónica de El Bajío.

Su ubicación no fue casual. Las fértiles tierras irrigadas por el río Lerma favorecieron el establecimiento de comunidades agrícolas y facilitaron la comunicación con otros puntos de Mesoamérica.


Zona Arqueológica de Peralta


En las laderas se construyeron terrazas para cultivar y alrededor de los grandes edificios surgieron espacios ceremoniales, habitaciones y áreas donde se concentraban actividades vinculadas con el gobierno y la vida comunitaria.

Los primeros registros arqueológicos modernos de Peralta se realizaron durante las décadas de 1970 y 1980, pero los trabajos sistemáticos del proyecto arqueológico comenzaron en 2002.

La Mesita fue el espacio de los gobernantes

Una de las construcciones que mejor refleja el poder alcanzado por Peralta es La Mesita, también identificada como el Recinto de los Gobernantes.

Su plataforma mide aproximadamente 147 metros de largo por 130 de ancho y 12 metros de altura. En su interior existe una gran plaza, una estructura circular y vestigios de habitaciones que pudieron utilizarse para funciones administrativas.

Los accesos también ofrecen pistas sobre la organización social. Una gran escalinata occidental conducía hacia la estructura circular, mientras un paso más estrecho se encontraba en la fachada sur. Los arqueólogos han planteado que el acceso principal pudo reservarse para individuos de mayor rango.


Zona Arqueológica de Peralta


La estructura circular destaca porque rompe con parte de la arquitectura habitual de la región y ha sido relacionada con tradiciones constructivas conocidas hacia el actual Jalisco.

El Divisadero conserva dos grandes basamentos

A poca distancia se encuentra El Divisadero, considerado uno de los principales espacios ceremoniales de Peralta.

El conjunto está formado por una plaza delimitada por dos basamentos piramidales de aproximadamente 10 metros de altura, además de un patio hundido y otros elementos arquitectónicos.

Su plataforma alcanza alrededor de 85 metros de largo por 79 de ancho, mientras que en el centro de la plaza se localizaron restos de un altar. Algunas modificaciones visibles en la construcción muestran que el edificio fue ampliado durante su funcionamiento.


Zona Arqueológica de Peralta


En excavaciones también aparecieron objetos como cuchillos de obsidiana, piezas de pedernal y una pequeña máscara de alabastro. Parte de esos materiales fue colocada después del abandono del asentamiento, una señal de que el lugar pudo conservar importancia ritual para poblaciones posteriores.

El pueblo que construyó Peralta sigue siendo un enigma

Las dimensiones del asentamiento permiten hablar de una sociedad con capacidad para movilizar trabajadores, administrar recursos y construir grandes espacios públicos.

Lo que no puede afirmarse todavía es quiénes eran exactamente.

El INAH señala que la filiación étnica de los habitantes de Peralta continúa siendo desconocida. Por ello, no existe fundamento para identificar categóricamente el sitio como una ciudad tolteca, mexica, purépecha o chichimeca.


Zona Arqueológica de Peralta


El propio nombre Peralta tampoco corresponde al nombre original de la antigua ciudad. Ése se perdió junto con buena parte de la memoria de quienes la habitaron.

La incógnita convierte la visita en algo más que un recorrido entre ruinas: aquí permanecen los restos monumentales de una sociedad poderosa del Bajío cuyo nombre no ha llegado hasta nuestros días.

Cómo llegar a la Zona Arqueológica de Peralta desde Abasolo

Peralta se encuentra en San José de Peralta, municipio de Abasolo, Guanajuato, sobre un ramal de la carretera estatal Abasolo-Huanímaro.

Desde Abasolo, se debe salir hacia el oriente y seguir la carretera pavimentada que pasa por San Isidro, La Peña y Rancho Seco. El recorrido es de aproximadamente 13 kilómetros hasta llegar a la zona arqueológica. El trayecto desde la cabecera municipal toma alrededor de 15 minutos.


Zona Arqueológica de Peralta

Cómo llegar a Peralta desde Irapuato

Desde Irapuato, la ruta comienza por la Carretera Federal 90 en dirección a La Piedad, Michoacán.

Después de aproximadamente 15.5 kilómetros hay que tomar la desviación hacia Pueblo Nuevo. En la bifurcación se continúa con dirección a Huanímaro y posteriormente aparece la señalización que conduce hacia la zona arqueológica.

 


Peralta se encuentra aproximadamente a 30 minutos de Irapuato, una hora de Guanajuato capital y 70 minutos de León, por lo que puede recorrerse como una escapada de un día dentro del estado.

Horarios para visitar Peralta

La zona arqueológica abre de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, y el último acceso está establecido a las 17:00 horas. El recorrido tiene una duración aproximada de una hora.

El sitio dispone de museo de sitio, donde pueden observarse materiales que muestran la participación de Peralta en redes de intercambio regionales y de larga distancia.


Zona Arqueológica de Peralta

Las páginas oficiales muestran actualmente diferencias en las cuotas publicadas, por lo que resulta conveniente verificar el costo vigente antes de realizar la visita.

Peralta no tiene la fama de Teotihuacán o Chichén Itzá, pero su historia revela otra cara del México prehispánico. Sus patios hundidos, plataformas monumentales y edificios de gobierno muestran que el Bajío fue escenario de sociedades complejas mucho antes de convertirse en una de las grandes regiones agrícolas del país.

 

*ARD

Huasca de Ocampo, Hidalgo: el Pueblo Mágico donde la plata se volvió paisaje

Haciendas mineras, prismas volcánicos, bosques y leyendas hacen de Huasca una escapada única
Redacción | 31 Agosto, 2026
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Huasca de Ocampo, Hidalgo, tiene una cualidad que pocos destinos pueden presumir: permite recorrer en un mismo viaje millones de años de historia geológica, el esplendor minero de la Nueva España y una tradición turística que cambió la manera de viajar por México. Fue el primer Pueblo Mágico del país, nombramiento que recibió el 5 de octubre de 2001, y más de dos décadas después conserva suficientes razones para entender por qué todo comenzó aquí.

A poco más de 30 kilómetros de Pachuca, sus calles empedradas y casas de techos inclinados sirven apenas como puerta de entrada. El verdadero Huasca se extiende por bosques de oyamel, barrancas, antiguas haciendas de beneficio, presas, criaderos de truchas y formaciones volcánicas que parecen construidas a mano. Aquí el viajero puede pasar de un patio del siglo XVIII a una cascada entre columnas de basalto y terminar el día escuchando relatos sobre duendes alrededor de una fogata.

¿Qué significa Huasca y cuál es el origen del pueblo?

La historia comienza incluso con su nombre. Documentos históricos de Hidalgo registran el antiguo topónimo Huascazaloya o Huascazaloyam, de origen náhuatl, al que se atribuye el significado de “lugar de regocijo o alegría”.

Existe además otra interpretación que lo relaciona con Cuachquetzaloyan, traducido como “lugar donde se hacen preciosas mantas de algodón”. Las dos versiones forman parte de las explicaciones históricas conservadas sobre el origen del nombre.

El añadido “de Ocampo” se adoptó en honor al político liberal Melchor Ocampo, quien vivió durante un periodo en esta región en el siglo XIX.

Aunque el lugar tenía una historia anterior, la transformación que todavía define su paisaje ocurrió durante el periodo colonial y está directamente relacionada con uno de los grandes negocios de la Nueva España: la minería de plata.

Pedro Romero de Terreros transformó el destino de Huasca

Durante el siglo XVIII, la explotación de la Veta Vizcaína, en el distrito minero de Real del Monte, produjo enormes cantidades de mineral y convirtió a Pedro Romero de Terreros, conde de Regla, en uno de los empresarios mineros más poderosos de su época.

Extraer el mineral era únicamente una parte del proceso. Después había que separar y recuperar la plata, una operación que necesitaba grandes extensiones de terreno, infraestructura y, sobre todo, agua.

Huasca reunía esas condiciones.

 

Hacienda Real del Monte.

 

En sus alrededores se desarrollaron enormes haciendas de beneficio vinculadas con la actividad minera, entre ellas Santa María Regla, San Miguel Regla y San Antonio Regla. Allí se procesaba el mineral extraído de las minas mediante sistemas utilizados durante la época, incluido el conocido método de patio.

Ese pasado todavía puede observarse en los grandes muros de piedra, arcos, patios, canales, túneles y construcciones que sobreviven alrededor del municipio.

Huasca no es, por ello, un pueblo que simplemente conservó edificios antiguos: su paisaje actual fue moldeado por la riqueza minera de la Nueva España.

 

Minas de Real del Monte.

 

Prismas Basálticos: la gran maravilla natural de Huasca

Si existe una imagen que identifica inmediatamente al destino son los Prismas Basálticos de Santa María Regla.

Las enormes columnas oscuras que forman las paredes de la barranca no fueron talladas por seres humanos. Se originaron a partir del enfriamiento y contracción de antiguas masas de lava, proceso que provocó fracturas geométricas y dio forma a columnas de varios lados.

Algunas alcanzan alrededor de 30 metros de altura y sobre ellas descienden cascadas que convierten el sitio en una combinación excepcional de geología, agua y vegetación.

El paisaje llamó la atención de Alexander von Humboldt, quien visitó la región a comienzos del siglo XIX. El naturalista estudió y dibujó estas formaciones durante su recorrido por México; posteriormente serían descritas dentro de sus trabajos científicos.

Actualmente los Prismas forman parte del Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera, que reconoce el extraordinario patrimonio geológico y minero de esta región de Hidalgo.

Para observarlos no basta con quedarse en un solo punto. Hay miradores superiores, un puente colgante y accesos hacia la parte baja de la barranca desde donde puede apreciarse la dimensión real de las columnas.

 

Prismas Basálticos.

 

¿Cuánto cuesta entrar a los Prismas Basálticos en 2026?

La tarifa de referencia vigente durante 2026 es de 100 pesos por persona.

El acceso contempla las áreas principales del parque, miradores, puente colgante, áreas verdes y estacionamiento. Dentro del complejo existen además restaurantes, venta de artesanías y espacios recreativos.

Actividades como tirolesas, paseos a caballo, lanchas, campamento, alberca o algunas experiencias de aventura pueden generar cargos adicionales.

Los precios pueden modificarse, por lo que conviene confirmarlos antes de viajar, especialmente en vacaciones, puentes y fines de semana largos.

Santa María Regla: una hacienda construida para la plata

A muy poca distancia de los Prismas aparece la Hacienda Santa María Regla, uno de los mejores lugares para comprender que Huasca no puede explicarse únicamente por su belleza natural.

Construida durante el auge minero del siglo XVIII, fue una de las grandes instalaciones utilizadas para el beneficio de minerales procedentes de Real del Monte.

Sus muros, patios, arcos y antiguos espacios industriales permiten imaginar la magnitud de una operación donde la arquitectura respondía directamente a las necesidades de la minería.

Hoy funciona como espacio turístico y hospedaje, pero recorrerla sigue ofreciendo una aproximación excepcional al mundo que convirtió al conde de Regla en una de las grandes fortunas novohispanas.

Para el turista interesado en fotografía, arquitectura e historia de México, vale la pena reservar tiempo suficiente y no reducir la visita únicamente a una fotografía exterior.

 

Hacienda Santa María Regla.

 

San Miguel Regla: agua, jardines y arquitectura histórica

La Hacienda San Miguel Regla ofrece una experiencia diferente.

También ligada al sistema de haciendas mineras de Romero de Terreros, su entorno se caracteriza actualmente por jardines, construcciones históricas y cuerpos de agua.

Parte del conjunto funciona como hotel, convirtiéndolo en una opción especialmente atractiva para quienes buscan dormir dentro de un espacio relacionado con la historia minera de Hidalgo.

Combinar San Miguel y Santa María Regla en un mismo recorrido ayuda a comprender cómo la actividad económica del siglo XVIII transformó el territorio alrededor de Huasca.

 

La antigua Hacienda de San Miguel Regla.

 

Bosque de las Truchas: naturaleza para pasar varias horas

El Bosque de las Truchas, en San Miguel Regla, cambia nuevamente el ritmo del recorrido.

Se trata de un espacio rodeado de árboles, manantiales y lagos, famoso por la crianza y preparación de trucha.

Una de las experiencias tradicionales consiste en elegir o pescar una trucha y después pedir que sea preparada en alguno de los establecimientos del lugar.

Dependiendo de la temporada pueden encontrarse además lanchas, tirolesas, actividades recreativas y otras experiencias familiares, cuyos costos se manejan de manera independiente.

Es un sitio recomendable para quienes viajan con niños o quieren dedicar varias horas a comer y descansar sin abandonar el paisaje boscoso.

 

Bosque de las Truchas.

 

¿De verdad hay duendes en Huasca?

Huasca también se hizo famoso por sus historias de duendes.

Durante generaciones se han transmitido relatos sobre pequeños seres que habitan los bosques, aparecen alrededor de caballos o realizan travesuras durante la noche.

El Museo de los Duendes convirtió esa tradición oral en una experiencia turística mediante figuras, testimonios y objetos relacionados con las leyendas locales.

La entrada general registrada para 2026 es de 40 pesos y el museo opera habitualmente de lunes a domingo.

No hay que visitarlo esperando un museo histórico tradicional. Su atractivo está en conocer esa parte del imaginario popular que ha terminado convirtiéndose en uno de los símbolos de Huasca.

 

Museo de los Duendes.

 

Museo de los Duendes.

 

Peña del Aire: Huasca también se disfruta desde el borde de una barranca

Para quienes prefieren escenarios abiertos y aventura está Peña del Aire.

El paraje se encuentra junto a una profunda barranca y ofrece una de las panorámicas más espectaculares del municipio. El enorme bloque rocoso parece suspendido sobre el vacío cuando se observa desde determinados ángulos.

El lugar permite combinar senderismo, fotografía y actividades de aventura, dependiendo de los servicios disponibles.

Aquí sí conviene utilizar zapatos con buena suela, chamarra y protección contra la lluvia, pues las condiciones de montaña pueden cambiar rápidamente.

 

Peña del Aire.

 

Costos de referencia para visitar Huasca en 2026

LugarPrecio de referencia
Centro de Huasca de OcampoGratis
Prismas Basálticos$100 por persona
Museo de los Duendes$40 entrada general
Santa María ReglaTarifa de visita variable; confirmar antes de acudir
San Miguel ReglaDepende de visita, hospedaje o servicio contratado
Bosque de las TruchasAcceso y actividades pueden cobrarse por separado
Peña del AireCosto variable según acceso y actividades

Además del ingreso, conviene presupuestar comida, estacionamientos, artesanías y actividades de aventura.

Cómo llegar a Huasca desde Puebla

Desde Puebla capital, viajar en automóvil permite aprovechar mejor Huasca y moverse entre sus atractivos.

Una de las rutas más prácticas consiste en dirigirse hacia el Arco Norte, continuar en dirección a Hidalgo y enlazar hacia Pachuca, Real del Monte y finalmente Huasca.

La distancia ronda aproximadamente los 170 kilómetros, dependiendo del punto de salida y la ruta elegida, por lo que conviene calcular alrededor de dos horas y media de trayecto, con margen adicional por tránsito, obras o condiciones climáticas.

La llegada desde Pachuca mejoró considerablemente con la nueva carretera Real del Monte-Huasca, infraestructura puesta en operación en 2025. El tramo tiene alrededor de 9.8 kilómetros, cuatro carriles, tres túneles y seis viaductos, y permite reducir los tiempos de recorrido en la región.

Cómo llegar desde Ciudad de México

Desde la Ciudad de México, la ruta habitual utiliza la autopista México-Pachuca para continuar por el Corredor de la Montaña hacia Real del Monte y Huasca.

El recorrido puede realizarse en aproximadamente dos horas cuando las condiciones de tránsito son favorables.

Quienes no viajen en automóvil pueden trasladarse primero en autobús a Pachuca y desde ahí utilizar transporte regional o taxi hacia Huasca.

Sin embargo, para recorrer Prismas, haciendas, Bosque de las Truchas y Peña del Aire en poco tiempo, contar con automóvil ofrece mayor libertad.

Qué comer cuando llegues

La comida es otra buena razón para quedarse.

La trucha es una de las especialidades más reconocidas de los alrededores de San Miguel Regla, pero también se encuentran barbacoa, mixiotes, pastes, quesadillas y antojitos de maíz.

Los pastes recuerdan la profunda identidad minera de la región hidalguense, mientras que los productos de los bosques y del maguey aparecen de acuerdo con la temporada.

En el centro de Huasca hay pequeños restaurantes y puestos; en las zonas turísticas también pueden encontrarse establecimientos especializados en trucha y comida regional.

 

La gastronomía de Huasca ofrece trucha, barbacoa, mixiotes, pastes y antojitos tradicionales.

 

¿Cuánto tiempo necesitas para conocer Huasca?

Ir y volver el mismo día es posible, pero obliga a elegir.

Para disfrutarlo mejor conviene pasar dos días y una noche.

El primer día puede dedicarse al centro de Huasca, Prismas Basálticos y Hacienda Santa María Regla. Al caer la tarde, una cabaña entre los árboles o una antigua hacienda cambia por completo la experiencia.

El segundo día puede comenzar en San Miguel Regla y el Bosque de las Truchas, continuar hacia el Museo de los Duendes y terminar en Peña del Aire.

Con tres días es posible añadir Real del Monte o Mineral del Chico y convertir el viaje en una ruta completa por el Corredor de la Montaña.

¿Cuál es la mejor temporada para viajar?

Huasca cambia mucho con las estaciones.

En primavera resulta cómodo caminar por sus atractivos. Durante las lluvias, el bosque adquiere un verde intenso y las cascadas de los Prismas pueden ofrecer una imagen especialmente espectacular.

En otoño e invierno, la neblina, el frío y las chimeneas convierten las cabañas en parte central de la experiencia.

La regla más útil es sencilla: llevar siempre ropa en capas, chamarra y zapatos cómodos, incluso cuando el día comienza soleado.

Por qué Huasca merece más que una visita rápida

El encanto de Huasca de Ocampo está en que ninguna de sus grandes historias aparece aislada.

El magma creó los prismas. La plata creó las haciendas. Los bosques alimentaron las leyendas. La historia minera dio identidad a la región y, siglos después, ese conjunto convirtió a Huasca en el primer Pueblo Mágico de México.

Por eso viajar aquí no consiste simplemente en visitar una cascada famosa.

Es caminar por un territorio donde geología, historia, arquitectura, gastronomía y tradición popular siguen encontrándose a pocos kilómetros de distancia.

Y cuando cae la neblina sobre los bosques y las antiguas construcciones de piedra, resulta fácil comprender por qué México decidió comenzar precisamente aquí la historia de sus Pueblos Mágicos.

 

 

 

*BC

Prismas Basálticos de Santa María Regla: cascadas, aventura e historia a unas horas de Puebla

Este paisaje de Huasca combina cascadas, columnas volcánicas, aventura e historia minera
Redacción | 28 Agosto, 2026
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Hay paisajes que parecen diseñados con regla y escuadra, pero surgieron únicamente de la naturaleza. Los Prismas Basálticos de Santa María Regla, en Huasca de Ocampo, Hidalgo, forman una enorme pared de columnas geométricas de roca volcánica sobre la que descienden cascadas y corrientes de agua.

Sus columnas alcanzan alrededor de 40 metros de altura y forman parte del Geoparque Comarca Minera, una región donde el patrimonio geológico convive con antiguas haciendas, bosques y siglos de historia minera.

Para quienes salen desde Puebla, los prismas representan una opción para una escapada de fin de semana en la que es posible combinar miradores, cascadas, puente colgante, actividades de aventura y una visita al primer Pueblo Mágico de México.

 

 

¿Dónde están los Prismas Basálticos de Hidalgo?

El parque se localiza en el ejido de Santa María Regla, dentro del municipio de Huasca de Ocampo.

El acceso se encuentra sobre la Carretera Federal 105, kilómetro 34, y desde Pachuca el recorrido es de aproximadamente 35 a 40 kilómetros, dependiendo de la ruta elegida.

El complejo dispone de estacionamiento, restaurantes, baños, cabañas, áreas recreativas, miradores y puente colgante, además de servicios relacionados con actividades de aventura.

 

 

¿Por qué los prismas tienen formas geométricas?

La apariencia de las rocas es uno de los elementos que más sorprende a los visitantes.

Algunas columnas parecen enormes hexágonos, aunque también existen estructuras de tres, cuatro y hasta ocho caras. No fueron talladas: se originaron por el enfriamiento de lava hace millones de años.

Cuando el material volcánico comenzó a enfriarse, experimentó una contracción de volumen que provocó fracturas. Estas grietas avanzaron y terminaron formando patrones poligonales.

Con el tiempo, el agua erosionó el terreno y dejó expuestas las enormes columnas que ahora forman las paredes de la barranca.

 

 

Tienen alrededor de 2.58 millones de años

El Servicio Geológico Mexicano determinó mediante estudios radiométricos que el derrame volcánico relacionado con la formación de los prismas tiene una antigüedad aproximada de 2.58 millones de años, con un margen de error de 0.15 millones.

La combinación de lava, agua, enfriamiento, contracción y erosión terminó construyendo lentamente el paisaje que hoy recibe a los turistas.

El agua continúa siendo protagonista. Las cascadas descienden sobre las formaciones y modifican el aspecto del lugar dependiendo de la temporada y de la cantidad de lluvia.

 

 

Humboldt los dibujó durante su viaje por México

Los Prismas Basálticos también tienen una historia ligada a uno de los grandes exploradores del siglo XIX.

En 1803, el naturalista alemán Alexander von Humboldt visitó Santa María Regla y realizó un dibujo de las formaciones basálticas. Su representación ayudó a difundir el paisaje fuera de México y la obra relacionada con aquella expedición se conserva en el Museo Británico de Londres.

Posteriormente, otros viajeros y artistas se interesaron por las barrancas, cascadas y haciendas de la región, convirtiendo a Santa María Regla en un paisaje recurrente dentro de las representaciones del México del siglo XIX.

 

Alexander von Humboldt.

 

Haciendas de plata rodean el paisaje

La zona también conserva una fuerte herencia minera.

Durante el siglo XVIII, el auge de la Veta Vizcaína llevó a Pedro Romero de Terreros a buscar terrenos para instalar haciendas destinadas al procesamiento de minerales.

Entre 1760 y 1762 surgieron propiedades como Santa María Regla, San Miguel Regla, San Antonio Regla y San Francisco Javier, vinculadas con el desarrollo económico de la región.

Esa cercanía permite que una misma visita combine un paisaje formado hace millones de años con espacios vinculados a la minería novohispana.

 

 

¿Cuánto cuesta entrar a los Prismas Basálticos en 2026?

La información turística incluida en el material consultado señala como referencia para 2026 un costo de 100 pesos por persona.

El boleto permite ingresar a distintas zonas del parque, entre ellas miradores, áreas verdes, estacionamiento y puente colgante.

Sin embargo, la tarifa puede cambiar, particularmente durante temporadas vacacionales o cuando existan modificaciones en los servicios.

Actividades como tirolesa, cabalgatas, cuatrimotos, paseos en lancha, campamento, albercas y hospedaje en cabañas pueden tener un cobro adicional.

 

Las cuatrimotos son una de las actividades de aventura que puedes disfrutar en los Prismas Basálticos de Santa María Regla.

 

¿Qué hacer en los Prismas Basálticos?

Uno de los recorridos principales consiste en visitar los miradores, desde donde pueden observarse las paredes de basalto y las cascadas desde diferentes perspectivas.

El puente colgante es otro de los puntos más buscados porque cruza la barranca y permite observar las formaciones desde una posición elevada.

Cuando las lluvias aumentan el caudal, las cascadas adquieren mayor fuerza y el paisaje cambia por completo, aunque las superficies húmedas requieren mayor precaución.

Para quienes buscan aventura, también están disponibles experiencias como tirolesa, paseos en lancha, caballos y cuatrimotos, además de opciones para acampar o alojarse en cabañas.

 

La tirolesa ofrece una experiencia de aventura con vistas espectaculares de los Prismas Basálticos y su entorno natural.

 

¿Cómo llegar a los Prismas Basálticos desde Puebla?

Desde Puebla capital, una de las rutas planteadas es circular por la autopista México-Puebla y posteriormente incorporarse al Arco Norte para continuar hacia Pachuca.

Desde la capital hidalguense se toma la Carretera Federal 105 rumbo a Huasca de Ocampo y después la desviación correspondiente hacia Santa María Regla.

Quienes viajen en transporte público pueden llegar primero en autobús a Pachuca, continuar hacia Huasca de Ocampo y finalmente utilizar taxi o transporte local para llegar a los prismas.

Para aprovechar el recorrido desde Puebla, salir temprano permite incorporar más atractivos durante el mismo día.

 

 

¿Qué temporada conviene para visitar?

Los prismas pueden recorrerse durante todo el año, pero la experiencia cambia según la temporada.

En meses lluviosos, las cascadas pueden verse más espectaculares y el basalto adquiere tonalidades más oscuras por la humedad. En temporada seca, los senderos suelen resultar más cómodos para caminar y realizar actividades al aire libre.

Durante fines de semana, vacaciones y puentes suele registrarse mayor afluencia, por lo que llegar temprano puede facilitar el recorrido y la toma de fotografías.

 

 

Qué llevar para recorrer el parque

El terreno puede volverse resbaloso, particularmente en temporada de lluvias, por lo que resulta recomendable usar calzado cómodo y con buen agarre.

También pueden ser útiles bloqueador solar, agua, gorra, chamarra ligera, impermeable, batería suficiente para el teléfono o cámara y efectivo para actividades o establecimientos que eventualmente no acepten tarjeta.

Las áreas delimitadas deben respetarse y se recomienda evitar subir a las columnas de basalto, tanto por seguridad como por la conservación del patrimonio geológico.

 

 

Huasca y otros lugares para completar el viaje

Los Prismas Basálticos pueden convertirse en el punto central de una ruta turística mucho más amplia.

Huasca de Ocampo, reconocido como el primer Pueblo Mágico de México en 2001, se encuentra entre los principales sitios para complementar el recorrido por sus calles, arquitectura, gastronomía y haciendas.

También se puede visitar la Ex Hacienda de Santa María Regla, estrechamente vinculada con Pedro Romero de Terreros y la actividad minera del siglo XVIII.

El recorrido puede extenderse hacia San Miguel Regla, la Presa de San Antonio Regla, el Bosque de las Truchas y la Peña del Aire, entre otros puntos de la región.

Así, un viaje desde Puebla puede convertirse en una escapada de uno o dos días donde las columnas volcánicas son apenas el comienzo.

 

Hacienda Santa María Regla. Huasca de Ocampo.

 

Millones de años bajo una cascada

La singularidad de los Prismas Basálticos de Santa María Regla está en reunir historias separadas por millones de años.

Primero, los procesos volcánicos crearon las columnas hace aproximadamente 2.58 millones de años. Mucho después, la minería de plata transformó el territorio con haciendas, caminos y obras vinculadas a la extracción y procesamiento de minerales.

Actualmente es posible caminar frente a paredes volcánicas de hasta 40 metros, observar cascadas, cruzar una barranca por un puente colgante y, pocos kilómetros después, recorrer espacios construidos durante el auge minero de Hidalgo.

Para quienes parten desde Puebla, esa combinación de geología, naturaleza, aventura e historia convierte a Santa María Regla en una alternativa para salir de la ciudad sin limitar el viaje a una sola atracción.

Dato práctico: las tarifas y horarios pueden cambiar. El material disponible presenta horarios diferentes dependiendo de la fuente turística consultada, por lo que conviene confirmar directamente con el centro turístico antes de realizar el viaje.

 

 

*BC

 

Plazuelas: 20 años entre petrograbados y ciudades de piedra

La zona arqueológica de Pénjamo conserva más de 1,200 piedras grabadas y dos juegos de pelota
Redacción | 28 Agosto, 2026
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En las laderas de la sierra de Pénjamo, entre barrancas, vegetación y grandes bloques de piedra, permanece uno de los testimonios prehispánicos más singulares de Guanajuato. La Zona Arqueológica Plazuelas cumplió en agosto de 2026 20 años abierta al público, consolidada como un espacio donde arquitectura, paisaje y petrograbados forman parte de una misma historia.

Plazuelas abrió oficialmente a los visitantes en 2006 y se convirtió en la primera zona arqueológica de Guanajuato preparada para recibir público. Dos décadas después, el lugar conserva siete edificios distribuidos sobre tres laderas, dos canchas para el juego de pelota y más de 1,200 piedras grabadas.

La conmemoración de sus 20 años se realizó el 26 de agosto de 2026, una fecha que también permitió recuperar la historia de las investigaciones realizadas en el sitio y reconocer el trabajo comunitario que ha acompañado su conservación.


Zona Arqueológica Plazuelas


Una ciudad prehispánica construida siguiendo la montaña

Una de las características que distingue a Plazuelas es la forma en que sus antiguos habitantes aprovecharon el relieve.

Los conjuntos arquitectónicos no fueron levantados sobre una gran superficie uniforme. Se distribuyeron sobre distintas laderas de la sierra, separadas por las barrancas de Los Cuijes y Agua Nacida, integrando construcciones, plazas y caminos al entorno natural.

Entre los espacios identificados se encuentran Casas Tapadas, Los Cuitzillos, El Cajete, La Crucita y El Cobre.

Casas Tapadas destaca como uno de los conjuntos monumentales del sitio. Está formado por basamentos piramidales, plazas y otras estructuras que revelan la complejidad alcanzada por quienes habitaron esta región durante la segunda mitad del primer milenio de nuestra era.

La ocupación principal de Plazuelas se ubica aproximadamente entre los años 600 y 900 d.C., aunque algunas referencias oficiales amplían sus antecedentes hasta alrededor del 450 d.C.

Los materiales arqueológicos y estilos arquitectónicos encontrados muestran además que este punto del actual Guanajuato mantuvo relaciones con diferentes territorios del Centro, Norte y Occidente de México.


Zona Arqueológica Plazuelas


Más de 1,200 piedras guardan huellas de sus antiguos habitantes

El paisaje que rodea las estructuras también forma parte de la experiencia de Plazuelas.

En distintos puntos del sitio han sido registradas más de 1,200 piedras con grabados, una concentración que distingue a esta zona arqueológica de otros asentamientos de la región.

Los diseños incorporan formas asociadas con elementos presentes en el entorno y con motivos que también aparecen en cerámica, arquitectura y esculturas recuperadas durante las investigaciones.

Entre todos estos grabados hay uno particularmente llamativo: “La Maqueta”.

Sobre una roca fue representada parte de la distribución del conjunto arquitectónico de Casas Tapadas, creando una especie de reproducción en piedra de las construcciones que se encuentran en el propio asentamiento.

El hallazgo permite observar una conexión poco común entre las edificaciones monumentales y la manera en que fueron plasmadas sobre la roca por quienes vivieron en el lugar.


Zona Arqueológica Plazuelas


Plazuelas también conserva dos juegos de pelota

La zona arqueológica posee además dos canchas para el juego de pelota, un elemento especialmente relevante porque este tipo de construcciones no aparece con la misma frecuencia en todos los asentamientos arqueológicos conocidos de Guanajuato.

Uno de estos espacios se localiza en la ladera central.

Sus marcadores presentan otra peculiaridad: en lugar de limitarse a los discos circulares encontrados en otros sitios mesoamericanos, en Plazuelas aparecieron grandes esculturas con diseños de serpientes.

La existencia de las canchas, la arquitectura monumental y los objetos recuperados muestran que Plazuelas no fue únicamente un pequeño asentamiento entre montañas, sino un espacio con actividad ceremonial, social y regional.

Plazuelas cambió la historia arqueológica de Guanajuato

Durante mucho tiempo, buena parte del territorio que hoy ocupa Guanajuato fue asociado principalmente con grupos nómadas.

Las investigaciones en lugares como Plazuelas ayudaron a ampliar esa imagen.


Zona Arqueológica Plazuelas


Sus construcciones monumentales, plazas, juegos de pelota, esculturas y petrograbados muestran la existencia de comunidades sedentarias complejas, capaces de transformar el paisaje y mantener contactos con otras regiones de Mesoamérica.

Su ubicación también favoreció esos intercambios.

La zona de Pénjamo se encuentra en un punto donde confluyeron rutas y tradiciones culturales procedentes de distintas partes del territorio, situación que quedó reflejada en los materiales arqueológicos recuperados.

Dos décadas recibiendo visitantes

La apertura de Plazuelas al público en 2006 fue resultado de años de investigación, restauración y trabajo con las poblaciones cercanas.

En 2025 recibió 8 mil 024 visitantes, una cifra que mantiene al sitio dentro de la oferta de turismo arqueológico y cultural de Guanajuato.

El aniversario de 2026 también rindió homenaje al arqueólogo Carlos Castañeda López, figura fundamental en la investigación, interpretación y preparación del sitio para su apertura.


Zona Arqueológica Plazuelas


A diez años de su fallecimiento, su trabajo permanece ligado a la historia moderna de Plazuelas.

El siguiente reto ya no consiste solamente en atraer visitantes. La conservación frente al cambio climático, la investigación arqueológica, la accesibilidad y el uso de nuevas herramientas digitales aparecen entre los desafíos para los próximos años.

Una comunidad que también forma parte de Plazuelas

La relación con las poblaciones cercanas no terminó cuando comenzaron las visitas turísticas.

Mujeres de San Juan el Alto Plazuelas participan en una asociación dedicada a elaborar y comercializar artesanías, además de ofrecer alimentos tradicionales a quienes llegan a la zona.

Esta actividad convierte al patrimonio arqueológico en una oportunidad para mantener vínculos entre el sitio, la comunidad y la economía local.

La visita, por ello, no termina necesariamente entre pirámides y petrograbados. Gastronomía, artesanías y vida comunitaria forman parte del entorno actual de Plazuelas.

Cómo llegar a la Zona Arqueológica Plazuelas

La Zona Arqueológica Plazuelas se encuentra en Pénjamo, Guanajuato, cerca de la comunidad de San Juan el Alto Plazuelas.

Desde la ciudad de Pénjamo se debe tomar la carretera federal 90 con dirección a La Piedad. Después de aproximadamente 12 kilómetros aparece el acceso que conduce hacia San Juan el Alto Plazuelas y posteriormente al sitio arqueológico.


Zona Arqueológica Plazuelas


La entrada se localiza por el entronque cercano al kilómetro 63+300 de la carretera Irapuato-La Piedad; desde ahí se continúa por el camino hacia Plazuelas.

 


Los tiempos aproximados de traslado permiten también incorporarla a una ruta por la región:

  • Desde La Piedad: alrededor de 45 minutos.
  • Desde Irapuato: aproximadamente 50 minutos.
  • Desde Guanajuato capital: cerca de una hora con 25 minutos.
  • Desde León: alrededor de una hora y media.
  • Desde Querétaro: aproximadamente dos horas.
  • Desde Morelia: cerca de dos horas y media.

Horarios y costo para visitar Plazuelas

Plazuelas recibe visitantes de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con último acceso alrededor de las 17:00 horas.


Zona Arqueológica Plazuelas


La cuota reportada es de 70 pesos para adultos y 20 pesos para niñas y niños de 6 a 12 años. Los miércoles se contempla acceso gratuito para grupos estudiantiles con reservación previa.

El sitio cuenta con servicios como estacionamiento, sanitarios, módulo de información y recorridos guiados.


Zona Arqueológica Plazuelas

Veinte años después de abrir sus puertas, Plazuelas conserva algo que ningún museo podría reproducir por completo: caminar por las mismas laderas donde una comunidad prehispánica levantó plazas, pirámides y juegos de pelota mientras dejaba cientos de historias grabadas directamente sobre la piedra.
 

*ARD

Copainalá, Chiapas: templos, cascadas, gastronomía y cultura en un solo destino

Templos coloniales, danzas, gastronomía y el río Zacalapa distinguen a este destino chiapaneco
Redacción | 27 Agosto, 2026
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Copainalá, Chiapas, reúne historia, tradiciones indígenas, arquitectura colonial, gastronomía y naturaleza en un destino todavía apartado de los principales circuitos turísticos del estado.

La localidad, ubicada en la región noroeste de Chiapas, mantiene una estrecha relación con el pueblo zoque y desde 2023 cuenta con el nombramiento de Pueblo Mágico. Entre sus atractivos se encuentran antiguos templos, danzas tradicionales, gastronomía regional y los paisajes alrededor del río Zacalapa.

 

 

Un Pueblo Mágico a 67 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez

Copainalá se encuentra aproximadamente a 67 kilómetros por carretera de Tuxtla Gutiérrez, lo que permite visitarlo en una escapada de uno o varios días desde la capital chiapaneca.

Su paisaje combina montañas, vegetación, zonas habitadas y el cauce del río Zacalapa, elemento que durante siglos ha formado parte de la vida de las comunidades de la región.

El origen del pueblo se encuentra ligado históricamente a las comunidades zoques, asentadas desde antes de la llegada de los españoles en los alrededores de la cuenca del Zacalapa. Posteriormente, la presencia de los frailes dominicos dejó una profunda huella religiosa y arquitectónica.

 

 

Templos coloniales conservan parte de su historia

Entre los edificios que destacan se encuentra el Templo de San Vicente Ferrer, una de las construcciones históricas más importantes de la localidad y vinculada con la presencia dominica en la región.

También sobresale el Templo de San Miguel Arcángel, relacionado con el proceso de evangelización de los pueblos zoques durante el periodo colonial.

 

 

Copainalá conserva además una tradición que lo relaciona con Painalá, población mencionada en las crónicas de la conquista como lugar asociado con los orígenes familiares de Malintzin, La Malinche. La identificación, sin embargo, continúa siendo discutida y no está plenamente comprobada arqueológicamente.

 

 

La cultura zoque sigue viva en sus danzas

La identidad zoque permanece presente en la música, las fiestas religiosas, la gastronomía, las expresiones artísticas y las danzas tradicionales.

Entre las manifestaciones vinculadas con Copainalá aparecen Moctezú, San Miguel, La Encamisada, San Jerónimo, El Gigante, El Caballito y Weya Weya, expresiones comunitarias que conservan historias, personajes, música y vestimentas tradicionales.

Quienes quieran conocer más sobre esta herencia pueden visitar el Museo Comunitario Raíces de mi Pueblo, fundado en 1996 y con una colección de piezas arqueológicas, utensilios cotidianos, vestimentas y objetos relacionados con las danzas autóctonas.

 

 

 

Río Zacalapa, naturaleza entre montañas

El río Zacalapa y su cascada forman parte de los principales atractivos naturales del municipio.

El entorno ofrece espacios para fotografía, descanso y recorridos al aire libre, entre vegetación, agua y montañas. Durante la temporada de lluvias debe verificarse previamente el estado del cauce antes de ingresar al agua.

El municipio recibió oficialmente el nombramiento de Pueblo Mágico en 2023, reconocimiento relacionado con su cultura zoque, arquitectura religiosa, danzas, gastronomía, artesanías, paisajes y celebraciones comunitarias.

 

 

Qué comer durante una visita a Copainalá

La gastronomía tradicional ofrece otra forma de acercarse a la cultura de la región.

Entre las preparaciones asociadas con la cocina zoque aparecen el putzatzé, tzatá y zispolá, además del tradicional pozol. Las recetas mantienen ingredientes y técnicas transmitidos entre generaciones.

También pueden encontrarse textiles, piezas de cestería, objetos de madera y otras artesanías vinculadas con las tradiciones zoques.

 

 

Una opción para conocer otro rostro de Chiapas

Copainalá puede recorrerse durante un fin de semana para conocer el centro, sus templos, el museo comunitario, la gastronomía y algunos de sus espacios naturales.

A diferencia de destinos chiapanecos con mayor infraestructura turística, su atractivo está en conservar una experiencia más vinculada con la cultura zoque, las tradiciones comunitarias, la historia y el paisaje local.

 

 

*BC

Cañada de la Virgen: el santuario otomí que siguió al cielo

Pirámides, solsticios y una ruta ceremonial revelan un antiguo centro hñähñu de Guanajuato
Redacción | 27 Agosto, 2026
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En medio del paisaje semidesértico de San Miguel de Allende, Guanajuato, existe una antigua ciudad donde las construcciones dialogan con el horizonte. Cañada de la Virgen fue levantada hace más de mil años por comunidades vinculadas con la tradición hñähñu u otomí, y buena parte de su arquitectura responde a posiciones específicas del Sol, la Luna y otros marcadores naturales del entorno.

El sitio no destaca únicamente por sus pirámides. Su importancia está en la manera en que reúne astronomía, arquitectura, rituales funerarios, manejo del agua, agricultura y organización ceremonial en un mismo espacio. Sus antiguos habitantes construyeron plazas hundidas, templos, plataformas, una calzada de casi un kilómetro y edificios cuya orientación permite seguir momentos clave del calendario solar.

Cañada de la Virgen también vive una nueva etapa. Después de que 701 hectáreas fueron expropiadas a finales de 2025 para garantizar su protección, el sitio reabrió al público el 24 de mayo de 2026, mientras especialistas del INAH continúan investigaciones con ADN antiguo, estudios de paisaje y tecnología LiDAR.

Un asentamiento levantado en la frontera norte de Mesoamérica

La zona arqueológica se encuentra en la cuenca central del río Laja, dentro de un territorio que durante siglos funcionó como punto de contacto entre distintas tradiciones culturales.

El INAH identifica el sitio como un asentamiento hñähñu u otomí, con un periodo de mayor desarrollo aproximadamente entre los años 600 y 900 d. C., aunque diversos estudios arqueológicos extienden su ocupación principal desde alrededor del 540 hasta el 1050 d. C.

Su ubicación no fue accidental. Desde las partes altas se obtiene una amplia visual del paisaje, condición que permitió utilizar cerros, amaneceres y puestas del Sol como referencias para organizar los edificios ceremoniales.


Cañada de la Virgen


Los pobladores combinaron agricultura con actividades de recolección, cacería e intercambio regional. La presencia de materiales como obsidiana, concha y otros objetos de prestigio demuestra que no permanecieron aislados, sino que participaron en circuitos comerciales que conectaban distintas regiones del centro y norte de Mesoamérica.

La ciudad fue trazada siguiendo al Sol

Uno de los elementos que más distingue a Cañada de la Virgen es su arqueoastronomía.

Los principales edificios mantienen orientaciones asociadas con fechas determinadas del calendario solar. En uno de los ejes monumentales, los amaneceres de los días 17 de abril y 25 de agosto coinciden con referencias arquitectónicas específicas, mientras que los atardeceres del 4 de marzo y 9 de octubre también forman parte de esa relación entre arquitectura y horizonte.

El fenómeno se vuelve especialmente visible durante el solsticio de invierno. En esa época del año, el Sol puede observarse ocultándose detrás del basamento piramidal del Complejo B, conocido como Casa de la Noche más Larga.

La Luna también habría tenido un papel importante en la organización del sitio. Los estudios realizados sobre el Complejo A muestran que sus cuerpos constructivos guardan relaciones con ciclos lunares, lo que refuerza la idea de que el conocimiento del cielo formaba parte de la vida ritual y del control del tiempo.


Cañada de la Virgen


Para los antiguos habitantes, observar los astros no significaba separar astronomía y religión. El movimiento del cielo ayudaba a organizar ciclos agrícolas, ceremonias y momentos importantes de la vida comunitaria.

Casa de los Trece Cielos, la gran pirámide del sitio

El edificio más representativo es la Casa de los Trece Cielos o Complejo A.

Su elemento central es un basamento piramidal de más de 15 metros de altura, uno de los puntos visuales dominantes del conjunto arqueológico. Frente a él se abre un patio hundido rodeado por plataformas donde todavía se conservan vestigios de antiguas habitaciones.

En la parte superior se encuentra el Templo Rojo, llamado así por los restos de pintura mural conservados en franjas horizontales de tonos rojo, negro y ocre.

Cañada de la Virgen


Ese espacio también guarda una de las evidencias funerarias más relevantes del sitio.

Durante las excavaciones fue localizado el Entierro 13, conocido como El Jerarca, correspondiente a una persona posiblemente vinculada con el linaje gobernante. Los análisis realizados lo sitúan aproximadamente entre los años 640 y 720 d. C.

Su presencia dentro de uno de los espacios ceremoniales más importantes muestra la relación que existía entre los edificios, el poder político y el culto a los ancestros.
 

Hasta ahora se han documentado 19 entierros, varios de ellos acompañados por vasijas y otras ofrendas.

La Casa de la Noche más Larga y el solsticio de invierno

El Complejo B recibe el nombre de Casa de la Noche más Larga por su vínculo con el momento del año en que la oscuridad alcanza su mayor duración.

Durante el solsticio de invierno, el recorrido del Sol coincide con el basamento del complejo, creando una alineación visible con el horizonte.

Este fenómeno permite entender que los edificios funcionaban también como marcadores del tiempo. Su posición convertía el paisaje en parte integral de la ciudad: las montañas, el horizonte y el movimiento solar tenían la misma importancia simbólica que los muros y escalinatas.

Casa del Viento y otros espacios todavía poco conocidos

El conjunto arqueológico no termina en los dos grandes complejos.

También se encuentra la Casa del Viento o Complejo D, además de montículos, plataformas, habitaciones, talleres y otras estructuras que todavía conservan preguntas sin resolver.

Los cinco conjuntos monumentales principales están distribuidos en alrededor de 16 hectáreas, pero la superficie protegida es mucho mayor. La declaratoria como Zona de Monumentos Arqueológicos comprende cerca de 723 hectáreas.

Eso significa que una porción considerable del terreno todavía tiene potencial para futuras excavaciones e investigaciones.


Cañada de la Virgen


Una calzada de más de 900 metros llevaba al recinto ceremonial

Quienes llegaban a Cañada de la Virgen en la época prehispánica no accedían directamente a las pirámides.

El ingreso se realizaba mediante una calzada ceremonial de más de 900 metros de longitud y alrededor de 18 metros de ancho.

El recorrido debió formar parte de procesiones y ceremonias colectivas. Caminar hacia los edificios monumentales era, en sí mismo, parte del ritual.

La ruta continúa teniendo significado para comunidades contemporáneas. Cuando la zona arqueológica reabrió en mayo de 2026, integrantes de pueblos otomíes y chichimecas de la región regresaron al lugar para realizar ceremonias y ofrendas dedicadas a sus antepasados.

Amanalli, el sistema para aprovechar el agua

El agua era otro elemento esencial.

Dentro del sitio se encuentra el Amanalli, un depósito o jagüey utilizado para captar y almacenar agua de lluvia.

Su presencia confirma que la planeación urbana no estuvo limitada a la construcción ceremonial. Las comunidades también tuvieron que resolver necesidades prácticas relacionadas con abastecimiento, producción agrícola y vida cotidiana.


Cañada de la Virgen


Los habitantes adaptaron el asentamiento a un territorio donde la disponibilidad de agua podía variar de manera considerable a lo largo del año.

El sitio volvió a manos públicas tras la expropiación

Uno de los capítulos más recientes de Cañada de la Virgen ocurrió el 31 de diciembre de 2025.

Ese día fue publicado un decreto federal para expropiar 701 hectáreas, 00 áreas y 01.54 centiáreas que permanecían en propiedad privada dentro de la poligonal arqueológica.

La superficie quedó destinada al Instituto Nacional de Antropología e Historia para proyectos de investigación, protección, conservación, restauración y recuperación del patrimonio arqueológico.

La medida permitió recuperar el área nuclear del sitio y facilitó el restablecimiento del acceso público.

El 24 de mayo de 2026, Cañada de la Virgen volvió a recibir visitantes. La reapertura incluyó también el regreso de integrantes de comunidades originarias para las que este espacio mantiene un significado cultural y ceremonial.

ADN y LiDAR buscan nuevas respuestas

Cañada de la Virgen no es únicamente un sitio ya excavado y conocido.

Los trabajos continúan.

El INAH informó en 2026 que especialistas realizan análisis de ADN en restos humanos recuperados anteriormente, con el objetivo de obtener nueva información sobre las personas que vivieron en el lugar.

También se utilizan estudios del paisaje mediante tecnología LiDAR, capaz de detectar variaciones en la superficie y generar modelos detallados del terreno.


Cañada de la Virgen


Estas herramientas pueden ayudar a localizar estructuras, caminos, modificaciones del paisaje y posibles áreas arqueológicas que no resultan visibles a simple vista.

Las investigaciones digitales se complementan con materiales inmersivos para divulgar el sitio y reconstruir aspectos de su antigua apariencia.

Cómo llegar a Cañada de la Virgen desde San Miguel de Allende

La zona arqueológica se localiza a unos 30 kilómetros de San Miguel de Allende.

Desde esa ciudad, el recorrido comienza por la carretera hacia Celaya. Posteriormente debe tomarse el entronque con la carretera estatal 51, en dirección a Guanajuato.

La ruta continúa junto a la zona de la presa Ignacio Allende y posteriormente pasa por la comunidad de Agustín González.

 


Después se sigue por la carretera 51 hasta encontrar la señalización que conduce al acceso de Cañada de la Virgen, ubicado aproximadamente en el kilómetro 10+800.

El acceso oficial se encuentra sobre el tramo Don Sebastián-San Miguel de Allende.

Cómo llegar desde Guanajuato capital

Desde Guanajuato capital, la ruta se realiza por la carretera 110.

A la altura de Don Sebastián debe tomarse el entronque con la carretera 51 en dirección a San Miguel de Allende.

El camino continúa por esa vía hasta el kilómetro 10+800, donde se localiza el ingreso hacia la zona arqueológica.

La carretera lleva al Centro de Atención al Visitante, no directamente a las pirámides.


Cañada de la Virgen


Del estacionamiento a la zona arqueológica hay todavía 8 kilómetros

Una particularidad de la visita es que el recorrido no termina al llegar al estacionamiento.

Los automóviles particulares se quedan en el Centro de Atención al Visitante. Desde ese punto se realiza un traslado en vehículos oficiales que cubre aproximadamente 8 kilómetros hacia el área arqueológica.

Después comienza un trayecto peatonal cercano a 1.1 kilómetros.

La visita completa puede tomar alrededor de dos horas y media, por lo que no se trata de una parada rápida de carretera. El recorrido implica caminar, subir desniveles y permanecer durante un tiempo considerable al aire libre.

Por las condiciones del lugar, conviene llevar calzado cómodo, agua, protector solar, gorra o sombrero.

Horarios y precios de Cañada de la Virgen

La ficha vigente del INAH publica actualmente un horario de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:00 horas.

El costo indicado es de 100 pesos para adultos y 25 pesos para niñas y niños. La población de comunidades indígenas cercanas tiene acceso gratuito.

El portal turístico estatal todavía mantiene datos distintos en algunos apartados, incluidos horarios y cuotas anteriores, por lo que el visitante debe tomar como referencia la información del INAH antes de desplazarse.

Durante la reapertura de mayo de 2026 se operó con un esquema provisional de jueves a domingo, pero la ficha institucional posteriormente amplió la atención a martes a domingo.

Una ciudad que todavía no termina de revelar su historia

La experiencia de Cañada de la Virgen comienza mucho antes de llegar a su pirámide principal.

El paisaje, la calzada ceremonial y la orientación de los edificios forman parte de una misma lectura del territorio. La ciudad fue organizada para observar el cielo, ordenar el tiempo y dar sentido a ceremonias relacionadas con la agricultura, los ancestros y los ciclos de la naturaleza.


Cañada de la Virgen


La Casa de los Trece Cielos, la Casa de la Noche más Larga, el Templo Rojo, los entierros, el Amanalli y las estructuras aún no excavadas muestran que el sitio fue mucho más complejo que un conjunto aislado de pirámides.

Su recuperación en 2026 abrió además una nueva etapa. Con cientos de hectáreas bajo protección pública y nuevas investigaciones basadas en genética y tecnología LiDAR, Cañada de la Virgen conserva todavía amplias zonas capaces de aportar información sobre quienes la construyeron.

Más de un milenio después, el mismo Sol que ayudó a organizar la ciudad continúa proyectándose sobre sus estructuras y mantiene visible una de las características más extraordinarias del sitio: una arquitectura construida para relacionar la vida humana con el movimiento del cielo.

 

*ARD