Las figuras literarias

Las figuras literarias

Para escribir mejor
Por Carlos Paz 17 Mayo, 2023

En México mayo es un mes de muchas festividades. Una de ellas, es la Batalla del 5 de mayo en los Fuertes de Loreto y Guadalupe cuando el general Ignacio Zaragoza le comunicó al presidente Benito Juárez: “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”. ¿Qué quiso decir el general coahuilense con las palabras las armas nacionales? Se refirió, nada más y nada menos, que al ejército mexicano y utilizó una figura literaria denominada metáfora, que consiste en la analogía o semejanza entre dos ideas o imágenes.

Conocemos como figuras literarias a las figuras retóricas que son formas no convencionales para utilizar las palabras. Con ellas les damos a nuestras expresiones mayor vivacidad o belleza con el propósito de emocionar, sorprender, persuadir o sugerir. Dada la naturaleza de su función, se utilizan en el discurso literario en todos sus géneros, ya sea poesía, narrativa, ensayo o drama, donde el lenguaje es un fin en sí mismo y se persigue potenciar su efecto ante quienes lo leen o lo escuchan.

Sin embargo, como lo hemos visto al inicio de esta entrega, las figuras literarias no se utilizan exclusivamente en la literatura, también se emplean en el lenguaje coloquial y en algunas expresiones del habla popular. En aquella ocasión memorable de la Batalla de Puebla, Zaragoza empleó esa metáfora para referirse al ejército o a nosotros, los mexicanos.

Seguramente, con motivo de esta fecha, en las escuelas se entonó varias veces el Himno Nacional Mexicano, el cual tiene diversas figuras a lo largo de todo ese canto que contiene imágenes poéticas. Algunas de estas figuras están en el primer estribillo, que es un llamado a la guerra y que a la letra dice:

Mexicanos, al grito de guerra

El acero (espada) aprestad (empuñar) y el bridón (caballo brioso con brida);

Y retiemble en sus centros la tierra

Al sonoro rugir del cañón.

 

En este caso, el acero y el bridón cumplen una función metafórica.

 

Veamos ahora un poema a la madre del poeta peruano César Vallejo, y que los mexicanos la festejamos hipócritamente el 10 de mayo.

 

Madre, mañana voy a Santiago (lugar de retorno en donde Vallejo creció),

a mojarme en tu bendición y en tu llanto (purificación, identificación).

Acomodando estoy mis desengaños (hipérbaton) y el

rosado de llaga (metonimia) de mis falsos trajines (herido y dolorido de las ilusiones).

Me esperará tu arco de asombro,

las tonsuradas columnas de tus ansias (Equilibrio, sostén físico y moral, amor)

que se acaban la vida. Me esperará

el patio,

el corredor de abajo con sus tondos y repulgos

de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,

aquel buen quijarudo trasto de dinástico cuero (de la familia), que para no más rezongando a las nalgas tataranietas, de correa a correhuela.

 

La metonimia consiste en la sustitución de un término por otro, según la relación de causa-efecto. Rosado de llaga es “en carne viva”. En el hipérbaton existe una alteración del orden lógico de la frase “Acomodando estoy mis desengaños” por “estoy acomodando mis desengaños”.

La repetición constante de una o más palabras en enunciados sucesivos se llama anáfora. Y hasta aquí dejamos este breve análisis.

 

*IC