Envejecer es un proceso natural que trae consigo cambios físicos importantes. Uno de los más relevantes es la disminución progresiva de la masa muscular, fenómeno conocido como sarcopenia.
Aunque muchas personas asocian esta pérdida con una consecuencia inevitable de la edad, los especialistas aseguran que es posible ralentizarla e incluso revertir parte de sus efectos mediante el ejercicio adecuado.
De acuerdo con el fisioterapeuta Will Harlow, existen cuatro grupos musculares que merecen especial atención después de los 60 años debido a su impacto directo en la movilidad y la autonomía.
Glúteos: fundamentales para la estabilidad
Los glúteos son considerados uno de los principales motores del cuerpo humano.
Participan en la estabilización de las caderas, ayudan a mantener una postura correcta y permiten realizar acciones tan simples como caminar, levantarse o subir escaleras.
Cuando estos músculos pierden fuerza, aumenta la inestabilidad corporal y disminuye la capacidad para desplazarse con seguridad.
Por ello, los especialistas recomiendan incluir ejercicios específicos que permitan mantener su funcionalidad.

Pantorrillas: claves para evitar caídas
Las pantorrillas desempeñan una función esencial durante la marcha.
Gracias a ellas es posible impulsarse hacia adelante y mantener el equilibrio mientras se camina. Sin embargo, con el envejecimiento suelen perder fuerza progresivamente.
Como consecuencia, aparecen pasos más cortos, menor resistencia física y una sensación de inseguridad al desplazarse.
Fortalecer esta zona puede contribuir a mejorar la estabilidad y reducir el riesgo de caídas.
Manguito rotador: protección para los hombros
El manguito rotador es una estructura que estabiliza los hombros y permite realizar movimientos amplios con los brazos.
Su deterioro puede dificultar tareas cotidianas como alcanzar objetos elevados, cargar compras o realizar actividades domésticas.
Además, la pérdida de fuerza en esta región incrementa el riesgo de lesiones articulares.
Por esta razón, los expertos recomiendan ejercicios suaves y progresivos orientados a mejorar la movilidad y estabilidad de los hombros.
Core: el centro de la fuerza corporal
El core constituye la base de prácticamente todos los movimientos humanos.
Esta musculatura central participa en el equilibrio, la coordinación y la postura. Cuando pierde fuerza, el cuerpo se vuelve menos estable y aumenta la probabilidad de sufrir lesiones.
Asimismo, un core fortalecido facilita actividades cotidianas como levantarse de una silla, caminar o cargar objetos.
La fuerza es sinónimo de autonomía
A medida que avanza la edad, la prioridad del ejercicio cambia. El objetivo ya no es únicamente mejorar el aspecto físico, sino conservar la capacidad de realizar actividades diarias sin ayuda.
El entrenamiento de fuerza permite mantener la independencia funcional y mejorar la calidad de vida.
Además, favorece el equilibrio, fortalece los huesos y contribuye a una mejor salud general.
El cuerpo sigue respondiendo al ejercicio
Los especialistas destacan que nunca es demasiado tarde para comenzar a ejercitarse.
Incluso después de los 60 años, el organismo conserva una notable capacidad de adaptación. Por ello, incorporar rutinas enfocadas en fortalecer músculos clave puede generar beneficios importantes.
Mantener activos los glúteos, las pantorrillas, el manguito rotador y el core ayuda a conservar la movilidad y permite afrontar el envejecimiento con mayor seguridad, confianza y bienestar.
Con información de Infobae
*ARD
