Una enorme masa de agua, lodo, rocas y sedimentos descendió con violencia desde la frontera entre Nepal y el Tíbet y convirtió varios poblados del Himalaya en una zona de desastre. El saldo confirmado en territorio nepalí llegó este miércoles a 95 personas muertas, mientras cientos continúan desaparecidas.
La emergencia se concentra principalmente en el distrito de Rasuwa, al norte de Katmandú, donde la corriente destruyó viviendas, caminos, puentes, vehículos e instalaciones hidroeléctricas. Del otro lado de la frontera, China confirmó otras tres víctimas mortales en el Tíbet, lo que eleva a 98 el número de muertos entre ambos países.
La magnitud de la tragedia creció conforme avanzaron las labores de búsqueda. En Nepal permanecían 403 personas desaparecidas, 341 de ellas extranjeras, mientras que autoridades chinas buscaban a otras 265 personas en el condado tibetano de Gyirong.
Una pared de agua bajó desde las montañas
La inundación no tuvo las características de una crecida convencional provocada únicamente por lluvias. Los primeros análisis señalan que una avalancha de hielo, roca y otros materiales cayó en la cuenca del Lhende Khola, tributario del río Bhote Koshi.
El desprendimiento pudo formar una especie de presa temporal al bloquear el cauce. Cuando esa barrera cedió, una enorme cantidad de agua acumulada habría sido liberada repentinamente, arrastrando consigo sedimentos y grandes rocas hacia las localidades ubicadas aguas abajo.
La velocidad de la crecida fue extraordinaria. Mediciones hidrológicas indican que el nivel del río Trishuli aumentó hasta nueve metros en aproximadamente 30 minutos en Galchhi. En Malekhu, otro punto de vigilancia, el incremento alcanzó unos siete metros durante un periodo similar.
El torrente avanzó a través de los sistemas de los ríos Bhote Koshi y Trishuli, golpeando comunidades de Rasuwa y amenazando posteriormente zonas de Nuwakot y Dhading.
Sismo ocurrió minutos antes de la catástrofe
Uno de los elementos que concentra la atención de científicos y autoridades es un sismo de magnitud 4.4 ocurrido poco antes de la inundación en la región fronteriza.
El movimiento telúrico abrió la posibilidad de que hubiera desestabilizado la montaña y provocado la avalancha que terminó bloqueando el río. Análisis preliminares de estaciones sísmicas cercanas también detectaron señales inusuales durante el periodo en que ocurrió el desastre.
Sin embargo, la relación entre el terremoto y la avalancha todavía no está plenamente establecida. Los especialistas continúan comparando registros sísmicos, imágenes satelitales, datos hidrológicos y evidencia de campo para determinar exactamente qué ocurrió en las montañas.
El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas mantiene como principal sospecha una avalancha de hielo y roca, aunque subraya que el origen definitivo aún se encuentra bajo investigación.
“Una avalancha de hielo en el Lhende Khola es el detonante sospechado, pero la causa sigue sin confirmarse”.
Cientos de extranjeros están entre los desaparecidos
La catástrofe tiene además una fuerte dimensión internacional debido a la presencia de viajeros y peregrinos en la región.
De los 403 desaparecidos reportados en Nepal, al menos 341 son extranjeros. Entre ellos hay ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y otros países. Muchos recorrían rutas turísticas del Himalaya o viajaban hacia el monte Kailash, uno de los principales destinos de peregrinación de la región.
Corea del Sur informó que ocho de sus ciudadanos, trabajadores vinculados a un proyecto hidroeléctrico, se encontraban desaparecidos y otros diez habían quedado varados tras la inundación.
El desastre también golpeó el condado de Gyirong, en el Tíbet, donde China desplegó centenares de rescatistas después de confirmar tres muertos y 265 desaparecidos.
Rescate se complica entre lodo y caminos destruidos
La geografía del Himalaya se convirtió en uno de los mayores obstáculos para encontrar sobrevivientes.
Varias carreteras quedaron destruidas o cubiertas por toneladas de lodo y rocas. Localidades como Syapru Besi y Timure quedaron severamente afectadas, mientras las condiciones del terreno dificultaron incluso el aterrizaje de helicópteros.
Equipos militares, policías y cuerpos de emergencia recorren las zonas afectadas mientras las autoridades intentan restablecer comunicaciones y abrir caminos.
Videos verificados de la tragedia muestran la enorme fuerza de la corriente avanzando por estrechos valles, derribando estructuras y arrastrando objetos a su paso. El desastre también afectó centrales y proyectos hidroeléctricos situados junto a los ríos.
Temen que una segunda inundación golpee la región
El peligro no terminó con el primer torrente.
Los especialistas detectaron que todavía existe material bloqueando el río aguas arriba, cerca de la frontera entre Nepal y China. Si el agua continúa acumulándose detrás de esa barrera y logra romperla, podría generarse otra crecida repentina.
Por ese motivo, autoridades ordenaron evacuaciones y pidieron a las comunidades ubicadas junto a los ríos desplazarse hacia zonas elevadas.
El riesgo se extiende más allá de Nepal. La evolución de los ríos que descienden del Himalaya también provocó alertas en áreas del norte de India ante posibles aumentos del nivel del agua.
Rasuwa ya había sufrido otra inundación devastadora
La región golpeada este miércoles tiene un antecedente reciente. En 2025, otra inundación repentina afectó el corredor de Rasuwa y Kerung después del vaciamiento de un lago glaciar en territorio tibetano.
El desastre de entonces destruyó infraestructura y dejó víctimas, convirtiendo a esta zona fronteriza en uno de los puntos bajo mayor vigilancia por los riesgos asociados con glaciares, avalanchas y lagos de alta montaña.
Especialistas han advertido que los cambios registrados en glaciares, nieve, permafrost y laderas del Himalaya aumentan la complejidad de los riesgos naturales en la región. Sin embargo, en este caso concreto consideran prematuro atribuir directamente el desastre al cambio climático mientras no concluya la investigación científica.
Mientras las causas continúan bajo análisis, la emergencia permanece abierta: 95 personas han muerto en Nepal, cientos siguen desaparecidas y comunidades enteras permanecen bajo amenaza de una nueva crecida.
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