En medio de las aguas de la Presa Solís, en Guanajuato, sobrevive una construcción que aparece y desaparece conforme cambia el nivel del embalse. Es la Iglesia Hundida de Puruagüita, vestigio de un poblado que tuvo que ser abandonado cuando una de las mayores obras hidráulicas de la región transformó para siempre el paisaje.
La iglesia perteneció a Puruagüita Viejo, asentamiento localizado en el actual municipio de Jerécuaro. Investigaciones históricas confirman que sus habitantes fueron desplazados en 1949 para conformar Puruagüita Nuevo después de que sus antiguas tierras quedaron dentro del vaso de la presa.
Hoy, el antiguo templo se ha convertido también en un destino de aventura. La promoción turística oficial de Guanajuato contempla recorridos en kayak individual o doble hasta la estructura y señala que, dependiendo de las condiciones, es posible llegar al sitio donde estuvo el antiguo altar.
Puruagüita quedó atrapada en la transformación del río Lerma
La historia detrás de la iglesia comenzó mucho antes de que sus muros quedaran rodeados de agua.
La Presa Solís fue construida entre 1939 y 1949 como parte de un amplio proyecto para controlar las aguas del río Lerma, aprovecharlas para riego, reducir inundaciones y apoyar la generación de energía.
La obra modificó radicalmente el territorio. Documentos del Archivo Histórico del Agua registran que 22 poblados de Guanajuato resultaron desplazados por el nuevo embalse. Dieciséis fueron afectados totalmente y seis parcialmente. En conjunto se contabilizaron alrededor de 5 mil personas y 1,042 viviendas afectadas.
Entre aquellas comunidades estaba Puruagüita, junto con Agua Blanca, Buenavista, Chupícuaro, Paso de Ovejas, Solís, San Lorenzo y otros asentamientos ubicados dentro de lo que se convertiría en el vaso de almacenamiento.
Diez de los pueblos afectados pertenecían a Jerécuaro, cinco a Tarandacuao y siete a Acámbaro.
Una iglesia es el recuerdo visible del antiguo pueblo
Con el llenado de la presa, caminos, viviendas y terrenos de cultivo desaparecieron bajo el agua. De Puruagüita Viejo, la iglesia terminó convirtiéndose en uno de los rastros más reconocibles.
Su aspecto no es siempre el mismo.
Cuando el nivel de la Presa Solís disminuye, una mayor parte de los muros puede quedar expuesta. Cuando aumenta el almacenamiento, el agua vuelve a cubrir buena parte de la construcción.
Esa condición explica por qué existen fotografías del templo casi completamente rodeado por agua y otras en las que aparecen estructuras que normalmente permanecen sumergidas.
El lugar no debe confundirse con otra conocida iglesia hundida de Guanajuato, situada en la Presa La Purísima, cerca de Irapuato. La de Puruagüita pertenece a la zona de Jerécuaro y la Presa Solís.
Así es la experiencia para visitar la Iglesia Hundida
El atractivo principal consiste en navegar por la presa hasta aproximarse a las ruinas.
La oferta turística oficial de Guanajuato incluye una experiencia de kayak de agua plana en la que los visitantes se acercan a la Iglesia Hundida acompañados por guías y equipo especializado. La ubicación de esta actividad se identifica entre Tarandacuao y Jerécuaro.
La posibilidad de entrar a determinados espacios de la construcción depende del nivel del agua y de las condiciones de navegación, por lo que no debe asumirse que el interior estará accesible durante cualquier fecha del año.
La Secretaría del Agua y Medio Ambiente informó el 8 de septiembre de 2026 que las principales presas de Guanajuato registraban en conjunto un 81.1 por ciento de almacenamiento, y mantiene a la Presa Solís entre los cuerpos de agua sujetos a seguimiento.
Por esa variación, antes de realizar el viaje resulta conveniente consultar las condiciones del embalse y coordinar el recorrido con un prestador de servicios que opere en la zona.
Cómo llegar a la Iglesia Hundida de Puruagüita
El primer punto de referencia es Jerécuaro, Guanajuato.
La carretera federal 120 cruza la parte sur del municipio y pasa por la cabecera de Jerécuaro. Esta vía conecta la región con Acámbaro y Coroneo y constituye uno de los corredores carreteros principales de esta zona del estado.
Desde Jerécuaro se puede continuar por la carretera que comunica con Tarandacuao y posteriormente tomar el ramal hacia Puruagüita. La red estatal identifica este acceso como E83, un tramo corto que enlaza la carretera principal con la comunidad.
El gobierno estatal rehabilitó también el ramal carretero hacia Puruagüita, que conecta con el eje Jerécuaro-Tarandacuao.
Para quienes llegan desde Acámbaro, la ruta práctica es incorporarse a la federal 120 con dirección a Jerécuaro y, desde ahí, continuar hacia Puruagüita.
El automóvil permite aproximarse a la comunidad y a la zona de la presa, pero el templo se encuentra dentro del embalse. Para llegar directamente hasta la Iglesia Hundida, el último tramo normalmente se realiza por agua mediante un recorrido organizado en kayak. La promoción turística estatal ubica este tipo de experiencias en Jerécuaro y Tarandacuao.
Qué llevar para recorrer la Presa Solís
La experiencia combina carretera, ambiente rural y navegación, por lo que es recomendable llevar ropa cómoda que pueda mojarse, protección solar, gorra, agua potable y calzado adecuado.
Para teléfonos, cámaras o documentos resulta útil disponer de una bolsa impermeable.
El chaleco salvavidas y demás equipo de navegación deben formar parte de una experiencia correctamente organizada. La oferta turística oficial contempla guías, equipo especializado y seguro de experiencia.
También es preferible reservar previamente y confirmar el punto exacto de reunión, porque los recorridos pueden organizarse desde distintas zonas de Jerécuaro o Tarandacuao.
Un destino que conserva la memoria bajo el agua
Visitar la Iglesia Hundida de Puruagüita no significa solamente remar hasta unas ruinas.
El paisaje permite dimensionar lo que ocurrió cuando el proyecto de la Presa Solís obligó a comunidades enteras a abandonar viviendas y tierras que habían ocupado durante generaciones. En Puruagüita, la historia quedó literalmente debajo del agua.
Más de siete décadas después, el antiguo templo sigue funcionando como una referencia del sitio donde alguna vez existió el pueblo.
Cuando el agua desciende, sus paredes recuperan protagonismo. Cuando la presa vuelve a llenarse, gran parte de la construcción desaparece otra vez bajo el embalse.
Ese ciclo convirtió a Puruagüita en uno de los rincones más singulares de Guanajuato: un destino donde historia, naturaleza y aventura convergen sobre las aguas de la Presa Solís.
*ARD
