A simple vista, el Templo Expiatorio Diocesano del Sagrado Corazón de Jesús, en León, Guanajuato, llama la atención por sus torres, cantera y arquitectura neogótica. Sin embargo, una parte fundamental de su historia se encuentra bajo tierra: siete criptas con 1,919 nichos construidas aprovechando la profunda cimentación que necesitó el edificio.
Estos espacios no solamente tuvieron una función funeraria. Su utilización permitió obtener recursos que ayudaron a sostener económicamente una obra monumental que comenzó en 1921 y continuó durante prácticamente nueve décadas.
¿Por qué existen criptas debajo del Templo Expiatorio?
La respuesta comienza con las características del terreno.
El suelo donde debía levantarse el templo era demasiado arenoso, por lo que fue necesario excavar hasta encontrar un estrato rocoso suficientemente firme. La cimentación alcanzó aproximadamente 12 metros de profundidad y dejó un volumen subterráneo que posteriormente fue aprovechado para construir las criptas.
Entre 1924 y 1931 se construyeron los 1,919 nichos bajo la planta del edificio. El complejo quedó distribuido en hasta siete criptas, convirtiéndose en uno de los elementos menos visibles, pero más particulares, del Expiatorio.
La creación de estos espacios también resolvió una necesidad práctica: mientras avanzaba una construcción que dependía durante largos periodos de aportaciones particulares, las criptas se transformaron en una fuente de recursos para continuar los trabajos.
Una iglesia levantada con ayuda de los habitantes de León
La historia del Expiatorio está estrechamente ligada a la participación de la comunidad.
El sacerdote Bernardo Chávez Palacios impulsó la creación del templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y el proyecto arquitectónico quedó inicialmente en manos de Luis G. Olvera. La propuesta original tenía inspiración románica, pero fue modificada para adoptar el estilo gótico que terminaría definiendo al inmueble.
Los habitantes de León participaron desde los primeros trabajos. Hubo personas que colaboraron en la excavación de los cimientos y otras entregaron materiales o recursos económicos. Incluso se documentaron piedras con los nombres de sus donadores, destinadas a formar parte de los cimientos, muros y otros espacios del templo.
Esta participación ayuda a explicar por qué el edificio terminó convirtiéndose no sólo en un recinto religioso, sino también en un referente de identidad para la ciudad.
Inundaciones y Guerra Cristera frenaron su construcción
Levantar el Expiatorio estuvo lejos de ser un proceso continuo.
Las obras atravesaron distintas interrupciones, entre ellas la inundación de León de 1926, que también afectó los trabajos de las criptas. Posteriormente, el conflicto político y religioso de la época y la Guerra Cristera volvieron a detener el proyecto en una región que tuvo una participación importante dentro de aquel enfrentamiento.
A pesar de estos obstáculos, la construcción continuó durante buena parte del siglo XX y alcanzó el XXI. Investigaciones sobre la evolución arquitectónica del inmueble sitúan su culminación en 2009, después de haber comenzado en 1921.
¿Qué hace neogótico al Expiatorio de León?
El edificio reproduce y reinterpreta rasgos vinculados con las grandes construcciones góticas europeas.
En su exterior destacan la verticalidad de las torres, arcos ojivales, tracerías y ornamentación de cantera. El resultado es uno de los principales ejemplos del neogótico desarrollado en México durante finales del siglo XIX y buena parte del XX.
Su escala monumental también ayuda a comprender por qué la construcción necesitó varias generaciones. El inmueble fue evolucionando conforme avanzaban los trabajos y se convirtió en un ejemplo de aquellas grandes iglesias mexicanas cuya edificación se prolongó durante décadas.
De obra inconclusa a símbolo de León
Más de un siglo después de colocar su primera piedra, el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús forma parte del paisaje urbano y de los referentes arquitectónicos más reconocibles de León.
Su historia, sin embargo, no está únicamente en las torres que pueden observarse desde la calle. Debajo permanecen 1,919 nichos que recuerdan una solución arquitectónica, una práctica funeraria y un mecanismo que ayudó a financiar la construcción de uno de los templos neogóticos más representativos de México.
El Expiatorio es así el resultado de casi nueve décadas de trabajo, interrupciones históricas y aportaciones de generaciones de habitantes que participaron en una obra que finalmente terminó convertida en un emblema de León.

*ARD
