Profesora regresa a casa, pero en ataúd

Las 21:30 horas de ayer se marcó con un doloroso silencio en la calle Nahuilla, en la sindicatura de Juan José Ríos. Con las luces intermitentes encendidas, una carroza se abría paso entre las decenas de personas que esperaban el arribo del cuerpo de una conocida profesora a su hogar.

Alma Trinidad Quiñónez Talamantes, quien perdió la vida en la tragedia que cimbró al centro del país el pasado martes, no regresó sola, viene acompañada de su nieta, un pequeño angelito de apenas dos meses de edad que estaba a su lado al momento del terrible sismo en la Ciudad de México.

Con especial cuidado, los empleados de la empresa funeraria colocan ambos féretros en el cobertizo y con una mirada triste, pero segura, un hombre da una señal para que abran el ataúd y corroborar que quien lo ocupa es su ser querido.

Las dudas terminaron, el llanto de su hija Antonia estremece el corazón de los presentes, quienes deciden mirar a otro lado para soportar el nudo en la garganta mientras ella le reclama a su madre no haber regresado con vida:

«Me dejaste sola, mamita, y tú me dijiste que ibas a regresar».

El hogar de Antonia también quedó bajo los escombros de dolor, pues apenas comenzaba a sobrellevar la vida sin la compañía de su padre, quien falleciera diez meses antes que su madre. Abrazada al féretro color plata, Antonia no deja de llorar y gritar de dolor. Exige respuestas que nadie puede resolver y perdida en la noción del tiempo y el espacio tiene que ser retirada para sobreponerse a un leve desmayo.

LA NOTICIA
Horas antes, Antonia permaneció sentada en una silla mecedora en el mismo cobertizo donde colocarían el cuerpo de su madre para ser velado. Ahí, explicó cómo recibió la noticia de que la docente había sido sepultada bajo los escombros de un edificio de Coapa, delegación Coyoacán, en la Ciudad de México, tras el sismo de 7.1 grados al mediodía del 19 de septiembre.

«Mi hermana me habló para decirme que ella estaba bien, pero que mi mamá y su hija estaban desaparecidas, y me pidió orar porque no sabíamos dónde estaban. Si yo tuviera alas, me fuera directo hacia ustedes a mover escombros porque mi madre es lo único que me quedaba, mi padre murió hace diez meses, aún no asimilo la muerte de mi padre, era un gran desespero estar tan lejos y no poder ayudarla», explicó.Antonia tenía la esperanza de que su madre pudiera estar asustada en la calle tras el sismo, pero ante su nula experiencia ante un sismo, no le permitió actuar y ponerse a salvo.

«Mi mamá lamentablemente falleció, aquí casi no pasa eso y la agarró desprevenida, asustada, quizá, el estar a cargo de una bebé que era inocente, que apenas empezaba a vivir. La quería mucho, no se le despegaba. Si dormía la bebé, dormía en sus brazos. Incluso cuando las encontraron, encontraron primero a la bebé, y mi hermana aseguraba que mi mamá estaba junto con ella, y si así era, ahí estaba mi mamá junto con la niña, bajo los escombros», agregó. 

La noche será larga, no solo para la familia de la profesora Alma Trinidad, sino para todo el pueblo, quien se reunió a despedirla, y entre comentarios solo dicen recordarla feliz en las aulas de la Escuela Primaria Constitución 1857, de Juan José Ríos.

LA TRAGEDIA
Se encontraban en un edificio de Coapa que se desplomó durante el terremoto

Alma Trinidad Quiñónes Talamantes, quien impartiera clases en la Escuela Primaria Constitución 1857, en la sindicatura mencionada, tenía alrededor de un año de haberse jubilado.

En junio pasado, se trasladó a la Ciudad de México para apoyar con las labores del hogar a su hija, Iris Rosario, quien en ese momento se encontraba embarazada de Ximena.

El júbilo la invadió al ser abuela de una hermosa nena, a la que presumía con orgullo a través de las redes sociales. Sin embargo, la felicidad no duraría demasiado, ya que se vería eclipsada por el infortunio.

El día martes, la profesora cuidaba de la pequeña Ximena, quien contaba con tan solo 2 meses de edad, en un departamento ubicado en el tercer piso de un edificio de Coapa, delegación Coyoacán, cuando ocurrió el repentino sismo de 7.1 grados que, sin activar las alarmas, sacudió la ciudad.Momentos después de iniciar el fenómeno natural, el inmueble en el que se encontraban se desplomó hasta los cimientos, sin darles tiempo a salir, y que además provocó que varias personas perdieran la vida, entre ellas la docente y su nieta.

Luego de confirmar el deceso, familiares de la maestra se comunicaron con las autoridades de la sindicatura de Juan José Ríos para darles a conocer la situación y solicitar el apoyo para el traslado de los cuerpos.

 

Con información de El Debate 

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