Máquina de hacer monedas digitales

En Zug, una diminuta ciudad suiza a 20 millas al sur de Zúrich con vistas alpinas de un millón de dólares, una pequeña máquina está haciendo grandes cosas. Se trata de uno de los diez cajeros automáticos de bitcoins instalados alrededor de Suiza por Bitcoin Suisse, domiciliada en Zug. La máquina acepta francos suizos y euros a cambio de una tira de papel con un código que representa la cantidad equivalente en bitcoins. Escanea el código con tu teléfono inteligente y la moneda es tuya.

El cajero automático en realidad no es necesario. El bitcoin no tiene forma física. Más bien, está hecha de líneas de código computacional concebidas en 2009 por un programador que trabajaba con el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. Para quienes desean comprar la moneda digital, pero se les dificulta conceptualizar la posibilidad de una transacción sin prueba física, el cajero automático es un puente útil.

Un cajero automático de bitcoin podrá parecer poco convencional, pero tiene sentido en Zug. La ciudad de 30,000 habitantes ha atraído persistentemente a emprendedores que se especializan en moneda digital, y para 2014 era conocida en el mundo financiero como Cripto Valley. Uno de los primeros en llegar fue el sudafricano Johann Gevers, quien llegó en 2012. Su negocio, Monetas, ofrece un sistema digital mediante el cual toda moneda, incluido el bitcoin, puede transferirse a todo el mundo a un costo muy bajo. A Monetas pronto se le unieron otras empresas incipientes de la criptomoneda, las cuales ahora suman alrededor de 20, incluida Ethereum, acuñadora de una moneda rival del bitcoin llamada ether.

Estas empresas —atraídas primero por la estabilidad política de Suiza y la burocracia sencilla de Zug— han hallado un país abierto a sus ideas poco ortodoxas sobre las divisas. El bitcoin permite a los usuarios hacer pagos anónimos sin depender de una autoridad central, como un banco o compañía de tarjeta de crédito. Se ha vuelto popular rápidamente entre un pequeño grupo de entusiastas de mentalidad tecnológica con una inclinación libertaria, quienes la ven como una manera de evitar las autoritativas instituciones nacionales y los gobiernos. “Lo que tratamos de hacer es descentralizar el sistema financiero”, dice Gevers. “Suiza tiene el sistema político más descentralizado del mundo, por lo que ellos entienden lo que estamos haciendo y no lo ven como una amenaza sino como una oportunidad”.

Antes de que el bitcoin surgiera, Suiza había buscado maneras de mantenerse relevante en el sector bancario desde que EE UU empezó a tomar medidas enérgicas contra las cuentas en el extranjero después de la crisis financiera mundial. En 2009, el Departamento de Justicia y el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) golpearon a UBS y Credit Suisse con cientos de millones de dólares en multas por motivar la evasión fiscal y los obligó a ellos y otros bancos a revelar los nombres de sus depositantes estadounidenses adversos a los impuestos. Esto en esencia acabó con el lucrativo negocio suizo de ser un paraíso fiscal.
Con la cantidad de dinero que se derrama a través de ella, y la inversión global en su tecnología alcanzando los 1,400 millones de dólares en 2016, el bitcoin ofrece al país amigo de las finanzas un promisorio mercado nuevo. Para colocarse como un centro de criptomoneda, Suiza ha tratado de redactar regulaciones que les permitirán prosperar a las compañías de criptomoneda, un proceso con el que otros gobiernos todavía batallan mientras sopesan los costos y beneficios de esta tecnología en evolución.

Es un asunto delicado para los reguladores. La capacidad del bitcoin para proteger la identidad de sus usuarios la ha convertido en una herramienta útil para transacciones ilegales en sitios web como el ahora desaparecido Silk Road, una especie de eBay de drogas, armas de fuego sin licencia y otras actividades ilegales. “Cada vez que tienes una tecnología emergente que todavía no está regulada apropiadamente, hay una posibilidad de usos nefarios o una manera de evitar las leyes existentes o sanciones”, dice Emin Gun Sirer, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Computacionales de la Universidad Cornell. Por ejemplo, en China, el bitcoin se usa para mover dinero al extranjero, lo cual sortea el límite de 50,000 dólares anuales impuesto por el gobierno.

También está el problema de la seguridad. La tecnología usada en algunos de los intercambios de la moneda no es perfectamente segura. Uno de los intercambios más grandes de bitcoin, Mt. Gox, cerró en 2014 después de que 850,000 monedas fueron robadas de sus bóvedas digitales. “La ciencia de esto todavía está evolucionando”, dice Gun Sirer. “Habrá algunos fallos fantásticos en este campo”.

Estos son problemas apremiantes en todas partes. Aun cuando el Reino Unido dio señales de su apertura a la economía de criptomoneda en 2015 al asignar $12.9 millones de dólares a una iniciativa de investigación para estudiar el bitcoin y otras monedas digitales, las compañías con criptoactivos todavía no saben cómo serán reguladas, creando incertidumbre y retrasando la innovación.

EE. UU. todavía ve con recelo a quienes acuñan su propia moneda y clasifica el bitcoin como una mercancía, lo cual hace engorroso su uso cotidiano. En los últimos años, la Red de Ejecución de Crímenes Financieros y el IRS han introducido una regulación paso a paso, pero las reglas son complejas y todavía en evolución. “Todavía es un espacio realmente nuevo y de rápido movimiento, y la innovación se da antes de la regulación”, dice Chris Burniske, un analista independiente de EE UU quien se especializa en criptomonedas. “Muchas compañías están paranoicas por la situación reguladora en EE. UU., ya que podrían ser multadas o cerradas”.

Gente de la industria dice que Suiza es una de las pocas naciones moviéndose en la dirección correcta. En Zug, el gobierno local les permite a los ciudadanos pagar servicios, como registrar su residencia, en bitcoin. A nivel nacional, el gobierno suizo ha trabajado de cerca con compañías de tecnología financiera para crear una licencia especial que les permitiría a las compañías guardar criptomonedas para sus clientes sin tener que solicitar una costosa licencia bancaria.

Tal apertura le da a Suiza una ventaja en un negocio que tiene un potencial considerable para crecer. “Somos una economía pequeña y abierta en un mundo globalizado, por lo que es muy importante tener innovación, conservar nuestra buena posición en términos de competitividad”, dice Anne Césard de la Secretaría Estatal de Asuntos Financieros Internacionales, la cual representa los intereses de Suiza en asuntos financieros, monetarios y tributarios. “Por ello es que, desde una perspectiva de gobierno, no queremos evitar el desarrollo con cargas reguladoras, lo cual podría retrasar el progreso”.

Para las empresas de criptomoneda, es un gran avance. “Y no solo para Suiza sino para toda la industria mundial de criptomoneda”, dice Olga Feldmeier, una empresaria de criptomoneda domiciliada en Zug quien fue fundamental para poner en orden la nueva licencia. “Porque éste es un país que revisa el modelo comercial y toma decisiones informadas sobre cómo esta industria nueva debería ser regulada apropiadamente”.

Mientras los legisladores se enfocan en la condición del bitcoin y cómo regularla, la excitación dentro de la industria ha pasado a los usos de la tecnología de bitcoin más allá de hacer pagos. Para mantener el orden, toda transacción con bitcoin es codificada y registrada en una base de datos llamada una cadena de bloques. Piénsela como una especie de libro público de contabilidad: cuando alguien usa bitcoins para comprar algo, la cadena de bloques registra la transacción una tras otra en bloques de código, cada una encadenada a la otra. Es imposible que los hackers falsifiquen el registro porque la base de datos es actualizada a través de toda la red de computadoras que usan el software de bitcoin, creando así un registro público de lo que poseen todos en el sistema.
Esta tecnología tiene muchísimos usos potenciales más allá de los bancarios. Ahora es posible usar la cadena de bloques como una base de datos para conservar todo tipo de registro en un lugar seguro y de fácil acceso sin laboriosos procesos que consumen mucho papel. Por ejemplo, IBM está ayudando a Maersk, una compañía transportista danesa, a usar la tecnología para recortar la cantidad de gente que necesita para rastrear millones de contenedores alrededor del mundo. Según el gigante transportista, un contenedor que va de África Oriental hacia Europa podría requerir sellos y aprobaciones de por lo menos 30 personas, y podría pasar por más de 200 interacciones para cuando llegue a su destino. Al usar la cadena de bloques, Maersk podría deshacerse del papeleo y acelerar el proceso, ahorrándole a la compañía millones de dólares.

“Si piensas en la cantidad de esfuerzo y tiempo que requiere el llevar registros, en realidad es un asunto enorme para las empresas”, dice Karim Lakhani, profesor de administración de empresas en la Escuela de Comercio de Harvard. “Por ello es que hay mucho bombo alrededor de ello”.

Mientras tanto, más de 90 bancos alrededor del mundo, incluidos HSBC y Deutsche Bank, exploran el potencial de la cadena de bloques. Santander InnoVentures, un fondo de capital de riesgo, calcula que esta nueva tecnología podría ahorrarles a los bancos hasta $20,000 millones de dólares al año para 2022, al hacer más rápidas y simplificar las transacciones y la contabilidad. “Muchos empleos, especialmente en finanzas, son repetitivos y no muy estimulantes, y la cadena de bloques nos ayudará a crear sistemas que sea automatizados”, dice Feldmeier, la empresaria de criptomoneda domiciliada en Zug. “Por lo que, en el futuro, la gente tendrá más tiempo para trabajar más creativamente, o solo ir a esquiar más”.

El aumento de usos de la tecnología crea más razones para que los gobiernos resuelvan cómo hacerla segura y confiable. “Si vamos a automatizar tantísimas de nuestras transacciones, ¿confiamos en que el sistema siempre funcionará?”, pregunta Lakhani. “Así como estos sistemas liberan una gran cantidad de beneficios, también liberan toda una gama de vulnerabilidades”.

Esa preocupación se siente distante en Zug, donde los entusiastas de la cadena de bloques creen que cambiará nuestras vidas de maneras que es imposible imaginarlas, tanto como lo hizo internet. “Todas estas nuevas maneras de usar esta tecnología no existen todavía, así que tenemos que crearlas”, dice Feldmeier. “Pero los obstáculos son grandes, por lo cual tenemos que superarlos juntos. En Zug hemos creado una comunidad y nos hemos hecho escuchar”.

Lentamente, al parecer, las grandes entidades fuera de esta pequeña ciudad están escuchando.

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