Estados Unidos y su proceso electoral

Frente de Batalla

POR ALEJANDRO ARMENTA MIER

Estados Unidos atraviesa un panorama electoral decisivo para el futuro del país ya que el proceso está contextualizado en serie de cambios políticos en América que puede generar una reconfiguración de las relaciones económicas, diplomáticas y sociales entre el norte y el sur.

Sin duda es un proceso significativo para nuestro país. En caso de ganar Hillary Clinton finalmente la reforma migratoria integral, ¿será una realidad?; y si ganan los Republicanos representados por Donald Trump, ¿llevará a cabo sus acciones contra México y los inmigrantes? ¿o se trata de una estrategia de campaña?.

México y Estados Unidos tienen sistemas electorales diferentes en su mayoría. La diferencia fundamental es que mientras en México existe una institución independiente y autónoma que funciona de forma permanente durante todo año, el sistema estadounidense trabaja de otra forma ya que ellos manejan el colegio electoral, el cual sólo funciona sólo en periodos determinados.

Para el caso de México, el INE tiene la función de organizar las elecciones federales, es decir, la elección del Presidente de la República, Diputados y Senadores que integran el Congreso de la Unión además de organizar -en coordinación con los organismos electorales de las entidades federativas- las elecciones locales en los estados de la República y el garantizar que los candidatos independientes tengan acceso a tiempos del Estado en radio y televisión con el objetivo de difundir sus campañas y verificar que se cumpla el requisito mínimo (2% de la lista nominal) para solicitar el ejercicio de las consultas populares y realizar las actividades necesarias para su organización, incluido el computo y la declaración de resultados.

Las funciones del colegio electoral se refieren a la selección de los electores, incluida una reunión de ellos, pues serán los que votarán por el presidente y/o vicepresidente además de concretar el conteo de votos para el congreso.

En Estados Unidos existe el bipartidismo, en cambio, en México existe el pluripartidismo, donde una gran cantidad de partidos políticos tienen amplias posibilidades de obtener el poder ejecutivo.

El factor económico es fundamental en cualquier elección y en Estados Unidos es especialmente relevante. De acuerdo con estimaciones del Centro para Políticas Responsables (CRP, por sus siglas en inglés), una ONG que hace seguimiento al financiamiento de la política en Estados Unidos, la actual campaña presidencial estadounidense costará unos 2.6 millones de dólares –unos 30 dólares por cada potencial votante-.

La mayoría de los recursos -utilizados en la campaña estadounidense- provienen de fuentes desconocidas y es tema que no contempla grandes reglamentaciones; como muchas de las cuestiones de la democracia americana, gozan de una especial libertad.
Lo anterior, vale la pena contrastarlo con lo que ocurre en México -donde la carrera por la presidencia de México en 2012 costó unos $1.9 millones de dólares-según estimaciones de “México Evalúa”, un centro de análisis que se dedica al estudio de las políticas públicas; el grueso de ese monto se conformó por el financiamiento público indirecto otorgado por el Estado a los partidos políticos a través del acceso a espacios de radio y televisión valorados en unos 1.5 millones de dólares.

Sin duda, el financiamiento de las campañas, es otro aspecto que contrasta. En el caso de Estados Unidos existe el financiamiento público y privado donde las organizaciones sin ánimo de lucro pueden gastar fondos ilimitados, recibir donaciones, sin la obligación informar el origen de esos fondos en campañas políticas, siempre y cuando el apoyo se dirija a las actividades de los candidatos y no a ellos directamente.

Mientras que en México sólo existe el financiamiento público y con muchas restricciones, con el objetivo de evitar el uso de recursos ilícitos.

En el contexto de la política internacional y de las relaciones diplomáticas, Estados Unidos mantiene una relación comercial con México que va en ascenso donde los migrantes juegan un papel fundamental que fortalece las economías de ambos países.

En ese sentido, independientemente de quien resulte electo, la nueva presidenta o presidente, deberá fomentar políticas de intercambio comercial, cultural, tecnológico, económico y social en un plano de mayor igualdad con el objetivo de garantizar el desarrollo de la región.

El tema migratorio es una urgencia que reclaman nuestros migrantes, y que deberá ser abordado con responsabilidad y respeto a los derechos de los ciudadanos de ambos países.

La reforma migratoria, que es un pendiente de las últimas administraciones, debe ser integral y en beneficio de las personas que, si bien no nacieron en territorio americano son el motor que genera la grandeza del vecino país.

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